• sábado 26 de febrero de 2011 - 12:00 AM

Un consumo por reglamentarse

Es plausible cuanto se haga para combatir el narcotráfico en nuestro país, aun en su poca cuantía en manos de delincuentes de pésima cal...

Es plausible cuanto se haga para combatir el narcotráfico en nuestro país, aun en su poca cuantía en manos de delincuentes de pésima calaña, correspondientes a los bajos fondos sociales, persecución que debe alcanzar a los "hijos de papá y mamá" de clases elevadas, en cuyos barrios exclusivos, amurallados y con perros furiosos y amaestrados, policías enmascarados( los llamados sin rostro) debieran invadir, y no sólo a los sectores o residencias más humildes.

Pero a lo que deseo referirme es al excesivo consumo de licor que debe reglamentarse. El otro día le escuché a la actual Gobernadora, Mayín Correa, un atisbo de interés en que las altas autoridades del país deben reglamentar horarios especiales para evitar que parranderos habituales, se mantengan en establecimientos hasta avanzadas horas de la madrugada, incluso hasta amanecen en esos sitios, especialmente elementos humildes gastándose hasta el último centavo de sus magros salarios.

Ojalá la primera autoridad provincial de Panamá, acuerde con otras autoridades, establecer mecanismos jurídicos que seguramente no darán pie a que se estaría lesionando intereses individuales, cuando constitucionalmente el interés social debe prevalecer sobre cualesquier otro interés particular.

Soy del criterio que el alto desenfreno en materia delictiva tiene como punto de partida el consumo elevado de licor y cerveza de toda clase, en que muchos de estos elementos de mal vivir son capaces de acudir al hurto y al robo para su consumo diario, sin descartar que en el caso de los establecimientos reconocidos legalmente desde el punto de vista comercial, para el expendio de bebidas alcohólicas, ocasionan toda clase de ruidos excesivos, riñas o escándalos públicos en perjuicio de vecinos que desean conciliar el sueño reparador para el desempeño de sus habituales funciones diarias.

Si los gobernantes se mostraran abiertos a poner en marcha medidas positivas durante el desempeño de sus funciones, se harían eco de cuanto se advierten o divulgan en los medios de comunicación social, en procura del bienestar común, por esta razón soy de los periodistas que en mis meditaciones y en muchos momentos de reposo en mi hogar, considero que todas estas campañas de profilaxis social caen desafortunadamente en el vacío, por aquellos que tienen en sus manos el destino del país.

Desafortunadamente a nuestros gobernantes, más les interesa recurrir a toda maniobra deshonesta, incluso apadrinar los centros de lupanares y de toda clase de desenfreno, que ponerle coto a tanto vandalaje de donde dimana tantos crímenes y hogares sin ninguna estabilidad moral.

EL AUTOR ES ABOGADO Y PERIODISTA