- sábado 02 de febrero de 2013 - 12:00 AM
Clientelismo político
En nuestro país se ha venido desarrollando un fenómeno sociopolítico, denominado ‘clientelismo político’, de grandes dimensiones y fuertes repercusiones negativas que atentan contra nuestra democracia y de la institucionalidad de la nación, por lo que considero de suma importancia analizar y reflexionar, como sociedad, este elemento tóxico y destructivo, que es el intercambio extraoficial de favores, en el que los seudopolíticos en el poder manipulan las prestaciones de su función pública o de contactos relacionados de sus funciones a cambio de apoyo electoral con el electorado, creando así, un sistema de clientelismo político con una estructura clientelista en el que los bienes públicos no se administran según la lógica imparcial de la ley, sino bajo una fachada legal discrecionalmente manejada por el poder político de turno, pero más allá que los seudopolíticos utilizan los fondos públicos para obtener sus intereses personales.
También debemos mencionar que el clientelismo político abarca una gama de favores, desde donar jamones como nombrar magistrados, ministros, fiscales, embajadores, entre otros. Allí está la complejidad de este fenómeno cultural casi histórico, ya que el clientelismo político sea institucionalizado sociológicamente, es decir, es una realidad de la política criolla conocida, practicada y aceptada al punto que en la actualidad nuestro sistema político está basado en el clientelismo que tiene toda una estructura muy bien planificada por la clase política criolla, que con sus intereses políticos y económicos han desnaturalizado ‘el arte de la política de Estado’.
Razones por lo que nuestra nación tiene un Panamá pobre y un Panamá rico, por la mala distribución de sus riquezas y de la justicia. Estos son los factores más lesivos para nuestra democracia, pues en los estados clientelistas se regala el derecho como instrumento de Gobierno, donde la vigencia del derecho está determinada por el grado de preponderancia de los vínculos clientelistas en los estados puramente patrimoniales, las relaciones clientelistas desplazan al derecho como medio de Gobierno. La ley y las instituciones dependen del capricho de quienes controlan el poder y la norma no guía la conducta de los individuos, pues los ciudadanos dejan de ser iguales ante la ley y el trato dependerá de la relación clientelista con que ostenta el poder y el Estado de Derecho se convierte en una simple fachada para lograr una falsa legitimidad, en un instrumento de manipulación y a veces, de represión.
Estos son los grandes daños que nuestra nación no posee, una verdadera democracia y un Estado de Derecho legítimo, en el que se respete y se resguarden los derechos humanos por igual, pues, mientras se continúe con la práctica del clientelismo político, estaremos destruyendo nuestra identidad como ciudadanos y como nación.
*COMUNICADOR SOCIAL Y VOLUNTARIO DE LOS DERECHOS HUMANOS