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Agrega El Siglo en Google ↗️Conozco a una persona a la cual admiro por la forma tan clara como establece los límites con sus compañeros de trabajo. Yo era nueva en el empleo y ella me prestaba su llave para ir al baño y, luego de un par de días, me dijo con una claridad admirable y una amplia sonrisa: «En su oficina tienen una llave para el baño». Yo no sabía que teníamos una llave para el baño en mi oficina y entendí el límite impuesto y lo agradecí. Ese incidente no alteró en nada la buena relación entre ella y yo.
El establecimiento de límites, lejos de afectar de una manera negativa nuestras relaciones con los demás, las fortalecen porque incentiva el respeto y la autonomía entre las personas. Cuando respetamos los límites ajenos, estamos valorando a las otras personas y, cuando nosotros somos quienes los establecemos, estamos ejerciendo nuestra libertad y nuestra independencia: dejamos claro cómo queremos que nos traten.
La forma en que se establecen estos límites es importante. Si no los ponemos de forma confusa, la otra persona corre el riesgo de no darse cuenta y podrá violarlos sin ser consciente de ello. Si mi compañera no se hubiera comunicado de una forma clara, quizás todavía estuviera pidiéndole la llave del baño, porque yo sentía que tenía la libertad de hacerlo.
Otro aspecto importante es poner el límite lo antes posible para evitar la acumulación de energía que produce aguantar lo que nos molesta y, al sentirnos forzados, podemos imponer el límite de una forma que puede generar una división entre las personas.
Un límite expresado de forma clara y a tiempo puede evitar conflictos y malestares entre las personas.