• miércoles 23 de noviembre de 2011 - 12:00 AM

Hay Bunau Varilla y TPC, mera coincidencia

Una vez más se pone de manifiesto, en toda su cruda realidad, el contenido de la novela el ‘Tiburón y las sardinas’, obra de ese gran pr...

Una vez más se pone de manifiesto, en toda su cruda realidad, el contenido de la novela el ‘Tiburón y las sardinas’, obra de ese gran presidente izquierdista de Guatemala, Juan José Arévalo, que narra cómo el gran coloso del norte devora sin cesar los recursos de los pueblos que el ‘Tío Sam’ considera, despectivamente, ‘su patio trasero’.

En esta oportunidad, el tiburón nada en su Mare Nostrum (el Caribe) satisfecho de tener a su insaciable voracidad los recursos y potencialidades de sus ‘sardinas’, al firmarse el Tratado de Promoción Comercial (TPC). Y es que Estados Unidos lleva todas las de ganar con este convenio. Panamá no puede competir con un país poderosamente industrializado, que nos va a inundar de productos manufacturados y debidamente procesados con una tecnología de primera que les permite venderlos a bajo costo.

Además, ellos cuentan con otras ventajas que muy pronto conoceremos y que agravarán aún más la situación de pobreza y pobreza extrema, especialmente de los panameños de tierra adentro, un sector carente de protección e incentivos para desenvolverse en un mercado altamente competitivo.

Los últimos gobiernos de derecha, incluyendo el PRD, no se percataron o no quisieron hacerlo, de la hecatombe que iba a causar la firma del TPC. Será que no advirtieron el apocalipsis que se nos venía encima, porque estamos viviendo épocas en las que suben gobiernos sin una sólida base doctrinaria, sin ideología y sin liderazgo.

Los pueblos de América Latina, incluyendo a Panamá, estamos hundidos en la pobreza y es hora de que sepamos que el TPC no es la panacea que nos rescatará de la miseria; más bien, los pueblos están condenados a vivir bajo el yugo colonial. Es un triste destino, pero es la realidad.

En estos momentos tan aciagos para el futuro de la Patria, vale la pena recordar al exministro de Desarrollo Agropecuario, Nito Cortizo, quien en forma valiente y patriótica decidió renunciar a ese ministerio antes de estampar su firma en un tratado tan lesivo a los intereses nacionales, el cual consideró que era un verdadero mamotreto. Esto ocurrió cuando gobernó Martín Torrijos. Un porvenir plagado de calamidades es lo que nos espera con este tratado, tan parecido al Hay-Bunau Varilla.

Como dijo Cicerón: ‘El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su Patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes’.

EL AUTOR ES PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO