En lo mediático aparece el conflicto generado por la falta de recolección de residuos en un distrito complejo como San Miguelito, amén de la carga económica, política y social. Sin embargo, el alcance es nacional. Hay que poner “las bardas en remojo”, categorizando el hecho con miras a aplicar un verdadero manejo de crisis sanitaria, que permita adoptar las medidas pertinentes, propias de un país que, apuesta al turismo, al crecimiento económico y al posicionamiento geopolítico regional.
El descuido, la desidia y el poco importa también reflejan corrupción. Por nuestros pueblos de extraordinaria belleza encontramos los mal llamados “pataconcitos” o depósitos de residuos que incluyen hasta línea blanca, colchones, madera, etc. Ni hablar de entradas a comunidades donde los basureros se “desbordan” y las paradas de buses se convierten en alojamiento de bichos y alimañas. ¿Será que no hay autoridades locales?. Y si existen, ¿Qué hacen?. Solo llegar al puesto y pierden la visión. Hoy prefieren convivir en medio de la suciedad que procurar ornato y aseo.
Adicionalmente, usted ni yo nos eximimos de culpa. También somos responsables de nuestro entorno. Debemos evitar suciedad, arrojo de desperdicios y mucho menos, ser mal ejemplo. Como país damos la bienvenida a miles y miles de turistas, de todas partes del mundo, motivo más que suficiente para mantener la limpieza 24/7.
La recolección de residuos sólidos urbanos a nivel nacional requiere manejo y sensatez, que permita la evaluación profunda de mecanismos de reciclaje, de aprovechamiento de los recursos, educación constante, inversión, mantenimiento; y, sobre todo, sentido de bienestar propio y de país.