- viernes 30 de diciembre de 2011 - 12:00 AM
Barullo político
Siempre se habla acerca de los efectos que producen las mieles del poder en los políticos y de la forma en que estos se transforman cuando ganan unas elecciones, sin embargo, en el caso particular de los presidentes, este fenómeno se manifiesta de forma particularmente antagónica a lo que representa el cargo que ejercen. No es más que una forma de paralelismo entre la conciencia lógica y la utópica, esta última, inadecuada si se refiere a la persona llamada a regir el destino de una Nación. La simple negación de una premisa tácitamente establecida en los principios políticos de este país hace que sea imposible para los residentes del Palacio de Las Garzas comprender que al momento de ganar las elecciones presidenciales, automáticamente perdieron la intención de voto, por lo menos de forma significativa.
El hecho de asumir que la aceptación de gestión se puede traducir en intención de voto es el primer gran error de los mandatarios en poder, no obstante, existen los candidatos ungidos, que suponen que la buena gestión de un gobierno a través de su partido político, puede o debe representarle alguna ventaja al momento de correr en una contienda presidencial. Ejemplos hay muchos, Ernesto Pérez Balladares y su reelección, José Miguel Alemán y su ungimiento, Balbina Herrera y su sueño de que el desempeño económico del gobierno PRD la llevaría a la Presidencia, y muchos otros políticos que calcularon a lo ‘Maco’ Rosas y terminaron estrellados.
El pasado domingo, durante el desfile de los globos en la Cinta Costera, el ministro Guillermo Ferrufino se pavoneó en un descapotable y lanzaba besos frente a las miles de personas, en su mayoría niños, que esperaban ansiosos para disfrutar de los monicacos inflables que resultaron todo un éxito, no así la presentación política, que fue muy criticada, sobre todo a través de las redes sociales. Ahora bien, el fenómeno Ferrufino puede y debe interpretarse desde otra arista. Aquí no hay endoso, el tipo es popular y tiene aceptación por parte de algunos sectores. El ministro de Desarrollo Social no posee logros académicos que lo respalden y sus últimas presentaciones, como en el caso de la Teletón y sus faltas ortográficas en Twitter, dejan en evidencia lo expuesto que estará su talón de Aquiles si decide correr en el 2014 por la Presidencia.
Juan Carlos Varela, Juan Carlos Navarro y Samuel Lewis Navarro, los tres que más se perfilan en la oposición, manejan sus opciones como si fueran cinturones de castidad y no arriesgan nada por temor a perder la virginidad política en las encuestas. Al parecer, todavía los políticos en Panamá confunden aceptación con intención de voto.
EL AUTOR ES PERIODISTA