- lunes 28 de febrero de 2011 - 12:00 AM
ALTERNATIVA
La divisa ‘Divide et impera’ ha sido -durante siglos-, la regla de gobierno ‘de todos los astutos sin moral. Ha sido atribuida, indistintamente a Catalina de Medicis, a Filippo de Macedonia, así como a Luis XI de Francia.
De nuestros días, mientras los pueblos buscan limitar cada vez más, la proliferación de amorales en posiciones de poder alrededor del mundo (Tunez, Egipto, Libia), en nuestro medio la cada vez más refinada manipulación mediática, la autocracia y el totalitarismo como instrumentos de gobierno, hacen que el Divide y vencerás, más que una divisa o consigna, se pretenda convertirla en un programa de acción política para rodearse de una servidumbre reclutada entre la mediocridad, que permita enfrentar a unos con otros, a fin de que no pueda darse una unión que se convierta en una amenaza para el poder.
Las prácticas gubernamentales que se vienen dando en forma repetitiva desde hace un tiempo para áca, hacen de Panamá un terreno abonado para facilitar, aún más, la división y el divisionismo entre la población panameña. La locura dionisiaca que parece haberse apoderado de los rectores de los Órganos del Estado, continúan aumentando el resentimiento constitucional que venimos arrastrando desde hace pronto 40 años.
‘La pobreza, fenómeno complejo, estructural y multidimensional para el cual no se ha encontrado a la fecha metodología de medición perfecta, pero en el que se han invertido muchos esfuerzos de investigación’, mantiene en Panamá los mismos porcentajes que entre 1970 y el 2000: entre el 37% y el 42%!!! Ello la convierte en el principal factor del divisionismo social, económico y cultural que impera y que coloca en estado de vulnerabilidad a importantes grupos humanos de nuestro país. Los mismos se convierten entonces, en presa fácil del clientelismo, del paternalismo y del neopopulismo gubernamental.
Por otro lado, en un país donde los pobres son cada día más pobres, ‘los más pobres entre los pobres son los indígenas’. Su pobreza ha sido calificada de ‘abismal’ por el Banco Mundial. No es casual entonces, que la política gubernamental ejecute una diversidad de acciones para promover un mayor divisionismo, primero entre los índigenas y luego entre los indígenas y el resto de la población, para finalmente intentar alcanzar sus objetivos de explotación minera y demás, que le faciliten el control del poder que les garantice los beneficios que con la pobreza, les brinda el analfabetismo, la desnutirición infantil, las carencias del nivel de vida, y el rechazo a que Panamá sea una sociedad con la debida información y conocimiento para salir adelante.
Los que siembran pobreza y divisionismo cosecharán tempestades sociales y, tal vez, vencerán pero no convencerán.
EL AUTOR ES ABOGADO Y CATEDRÁTICO UNIVERSITARIO