• lunes 31 de enero de 2011 - 12:00 AM

Alternativa

A ORGANIZAR LA ESPERANZA. Los graves acontecimientos ocurridos durante los últimos seis meses, producto de la imparable inconsecuencia...

A ORGANIZAR LA ESPERANZA

Los graves acontecimientos ocurridos durante los últimos seis meses, producto de la imparable inconsecuencia e impulsividad incoherente en el actuar del Gobierno, lleva cada vez a más personas a considerar que: ‘Esto se está saliendo de control y no augura buen final para nadie’ .

La remilitarización de la Fuerza Pública continúa a paso de ganso y el Estado Policíaco en el que se está envolviendo a la población nacional, aumenta la inseguridad y el miedo que crece a la sombra de un degenerado presidencialismo despótico, que se recrea en ser el poder que reprime, no el poder que previene.

Cada día que transcurre, el poder rechaza concebir la seguridad ciudadana como una política pública con referencia concreta a los derechos humanos; cada hora hay más hechos gubernamentales que debilitan y ahuyentan la participación ciudadana; cada minuto son más los actos de Gobierno, desde cualquiera de sus órganos, que evaden la democratización de sus acciones.

Impera el poder que impone la presión y la represión punitiva, de la mano de la impunidad policiva; el poder que socava nuestras garantías; el poder de actitudes intolerantes y con la permanente estigmatización de integrantes de la frágil sociedad civil. Sin olvidar, la imposición pseudoconstitucional de la ‘ley carcelazo’, del ‘pele police’, de los ataques a la libertad de expresión, de la ‘ley chorizo’ que además de criminalizar la pobreza y agendar la ‘limpieza social’, sirvió de preambulo para favorecer y patrocinar la destrucción del medio ambiente, ahora con la ley de la minería.

A los panameños se nos ha prohibido vivir libres de las amenazas generadas por la violencia y el delito, dado que la política gubernamental abanica la violencia y ampara el delito.

Los estándares internacionales de derechos humanos, nuestras garantías procesales y la protección judicial; el derecho a la privacidad y a la protección de la honra y la dignidad; el derecho a la información y a la libertad de expresión, la libertad de reunión y asociación y el derecho a la participación en los asuntos de interés público, son cada vez más menospreciados, vilipendiados, erosionados por el actuar de la plutocracia cipaya, de estos nuevos ‘hostis humani generis’, que se han encaramado en las tarimas gubernamentales.

Mientras no se modifiquen las políticas públicas sobre seguridad ciudadana, cambiando el foco de atención de la represión a la prevención de la criminalidad y la violencia, habrá más inseguridad y despotismo, buscarán más changuinolas y centros de menores en los que descargar su aversión al humanismo y su desmedido afán por el contrabando de valores.

EL AUTOR ES CATEDRÁTICO Y ABOGADO CONSTITUCIONALISTA