• sábado 27 de junio de 2026 - 12:00 AM

¿A quién defiende o para quién trabaja la ACODECO?

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Desde que fuera creada, hace ya 19 años, la fementida ACODECO arrastra un rosario interminable de quejas por su inoperancia y poca efectividad para defender a los consumidores, sean estos de servicios (internet, telefonía, electricidad, etc.); de bienes o de productos financieros (préstamos hipotecarios, personales o las tarjetas de crédito).

Cuando ha salido de su letargo para aparentar que ejerce algún grado de vigilancia, inspeccionando comercios, para dizque detectar precios abusivos o “descubrir” productos dañados que son retirados con grandes despliegues publicitarios, si se comparan esos despliegues con los millones de dineros públicos que consume, la relación costo-beneficio es ampliamente deficitaria.

La ACODECO fue creada para: Uno, garantizar que la competencia entre los diferentes actores sea libre, pero, a la vez, justa y Dos, para proteger a los consumidores de los abusos de quienes venden bienes, servicios o comercian con otros tipos de productos, por ejemplo, los financiamientos. Entre estos últimos están incluidas las tarjetas de crédito que, en esencia, son auto préstamos que se hacen sus portadores cuando compran o pagan un servicio. Los intereses compuestos (intereses sobre intereses) que cobran a los usuarios, calculados sobre los saldos adeudados, pueden remontar hasta cerca del 30% y exceden, por amplio margen, los que se pagan sobre préstamos hipotecarios, prendarios o personales que, promediados, no exceden el 10%.

Por ser, y por calle, el negocio más productivo para los bancos y otros prestadores de servicios financieros, entre estos existe, como es fácil comprobar, una competencia, casi feroz, y las promociones caza-clientes están a la orden del día.

Ante ese escenario, que antes que positivo, debe ser motivo de justificadas preocupaciones y, hasta de alarma, incomprensiblemente, la flamante ACODECO, en lugar de preocuparse por las abusivas tasas de interés que reinan en ese negocio, invierte su tiempo en publicar cuáles son las tarjetas, comparativamente, “más benévolas”, convirtiéndose de hecho, mediante “esa ayuda a los consumidores”, en promotora de las emisoras de esos instrumentos de deuda.

Tanto la ACODECO como la Autoridad de los Servicios Públicos, la ASEP, por sus comprobadas incompetencias, se han alejado de la función para las cuales fueron supuestamente creadas. Revisarlas y reorganizarlas, usando como comparador sus costos versus sus beneficios, es para hoy y no para mañana.