- martes 15 de enero de 2013 - 12:00 AM
El 9 de Enero de 1964: de gesta patriótica a leyenda urbana
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Agrega El Siglo en Google ↗️L o que ocurrió aquel fatídico 9 de Enero de 1964 fue una explosión social salida desde las fibras sensibles del populacho, en respuesta a las humillaciones de los gringos contra nuestra dignidad nacional, gesta a la que el Gobierno hoy le reservó un frío tratamiento, pronosticándose que en poco tiempo la fecha desaparecerá del calendario de la nacionalidad.
Las verdades a medias que dedica la historia al suceso han logrado aminorar el impacto que esta fecha debe ejercer en nuestra juventud, limitándose a enaltecer el arrojo suicida de los aguiluchos, y silenciando la ignominiosa postración de nuestros gobernantes para con el agresor. Tal relajamiento ha permitido que la fecha perdiera reverencia y, sin rubor, hoy fuera incluida en la lista de los días puente. Los patriotas panameños no necesitamos de programas especiales ni de falsas romerías oficiales para revivir con rabia la masacre. Aunque quisiéramos, no podríamos ignorar la fecha, pues la suave brisa de la tarde nos traería el olor de la sangre mártir derramada, y los sucios callejones del arrabal liberarían los gritos de dolor de aquellos a los que la metralla atravesó.
Ofende la memoria de los caídos que la recuperación de la soberanía nacional, la administración del Canal y las áreas y construcciones aledañas no hayan producido beneficios en favor de las mayorías nacionales.
El 9 de Enero es la máxima expresión de la rebeldía del pueblo panameño por vivir en un país soberano, ese mismo pueblo al que propios y extraños se esfuerzan por definir como parrandero, irresponsable y sin el menor sentido de conciencia patriótica. Por el fervor nacionalista y libertario que desencadena, los antipatriotas consideran la fecha como uno de esos malos ejemplos históricos que deben ser proscritos de nuestra conciencia histórica.
Esta lucha la estamos perdiendo, pues a causa de nuestra inercia permitimos que su celebración adopte un talante lejano y cuasi mítico desfigurador con el que llegará al futuro, pero en forma de una leyenda urbana.
Pasará igual con el olvido del Incidente de la Tajada de Sandía o con la Invasión de 1989, que los jóvenes de hoy dudan si en realidad esos eventos se dieron, en la forma en la que nos esmeramos en conservar. Ojalá que el sentido del 9 de Enero no quede archivado en el repertorio de uno de esos cuentacuentos callejeros, que por unas monedas contarían a los turistas que un día, a la salida de un concierto, un grupo de estudiantes panameños y ‘norteamericanos de intercambio’ se enfrentaron con saldo fatal de varios muertos por bando. ¡Qué desgracia!
*ABOGADO