La pobrecita
- martes 30 de abril de 2019 - 12:00 AM
‘Iba por las calles de su vida con sus penurias, con sus pesares y su mala suerte... en su andar, mostraba sus costillas de delgadez a su familia', relataba el audio que me llegó (literal y metafóricamente), porque es una historia conocida.
Es la introducción del cuento ‘La pobrecita', del psicoanalista Sergio Alonso Ramírez. No es una gran obra de arte, pero si una herramienta para explicar esa conducta humana que quizás hemos protagonizado varias veces, sin saber que es más grande el daño, que lo que logramos.
¿Recuerdan cuando no fueron a la escuela, porque estaban con fiebre y les dejaban quedarse en casa, pero al rato estaban bien y comiendo mejor que todos los días? Entender mal esta situación, sentir que sólo ante una enfermedad somos atendidas o queridas, nos puede colocar en el personaje de La pobrecita.
Una se puede acostumbrar a ser la víctima, a quejarse y a tener como la solución por excelencia ésta de padecer. No es que se finja, ni que se invente. Se vuelve un asunto inconsciente y se llega a sufrir de dolencias crónicas, sólo para recibir la respuesta que satisface: la atención. En el final del cuento, su autor sugiere un destino amargo, pero dulce. La enfermedad incurable, la que ni conduce a la muerte, ni deja vivir, la que puede mantener a su protagonista en la agenda de los demás y evita la soledad.
Lejos de ser un logro, este final nos lleva a la pregunta ¿Vale la pena? El cuento, relato o novela pueden ser usados como apoyo para explicar situaciones o problemas que encuentran resistencia en la consulta psicológica, ya que hace más fácil identificarse con lo que le pasa a otro y no exige una respuesta consciente inmediata.
Es lo que se usa en la biblia con las parábolas y es tan eficaz, que mucha gente las repite a modo de consejo. Este tipo de cuento se enmarca en literatura técnica y no aplica para un clásico, pero así como las telenovelas, pueden volverse muy populares por su simpleza y posibilidad sanadora.