Jaime Newball lleva ‘Los Trazos de la Memoria’ al escenario del FAE Panamá 2026

La obra cobra un significado especial tras la partida de su director Jorge Hugo Carrillo, convirtiéndose en un emotivo homenaje
  • miércoles 15 de abril de 2026 - 6:00 PM

El actor panameño Jaime Newball llega este año al Festival Internacional de Artes Escénicas Panamá 2026 con una de las propuestas más emotivas de la programación: la obra ‘Los Trazos de la Memoria’, una coproducción entre Panamá y Costa Rica que se presentará este viernes 17 en el auditorio Auditorio Herbert De Castro, en la Ciudad de las Artes.

Pero más allá de lo escénico, su participación está marcada por un hecho que ha transformado profundamente el sentido de la puesta en escena: la reciente muerte en marzo de su director y amigo, Jorge Hugo Carrillo Padilla.

“No ha sido fácil, la ausencia de nuestro director hace que la obra tenga un nuevo significado”, confiesa Newball, dejando entrever que lo que verá el público no será solo teatro, sino un proceso atravesado por la memoria y el duelo.

La obra, que gira en torno a tres personajes que conviven con la ausencia, toma hoy una dimensión más íntima para el elenco.

“Estamos hablando de qué pasa con aquellos que se quedan, el que espera una llamada, una carta, un regreso que no llega”, explica el actor, quien además reconoce que muchas escenas han cobrado otra fuerza tras la partida de Carrillo.

Sin una figura que sustituya directamente al director, el equipo ha apostado por la creación colectiva, una filosofía que ambos compartían, reconstruyendo la obra desde la memoria del cuerpo, el ensayo y el vínculo construido durante el proceso.

Aunque su rostro también ha ganado reconocimiento en el cine, incluyendo producciones internacionales como Sound of Freedom, Newball mantiene en el teatro su raíz más profunda.

Para él, ambas disciplinas no compiten, sino que se complementan. “Las dos me equilibran; el teatro me regresa a tierra”, afirma, destacando el carácter vivo e irrepetible de cada función.

Esa conexión con el escenario es la que le permite reencontrarse consigo mismo tras la intensidad de los rodajes, donde los ritmos son distintos y el cierre de cada proyecto deja un vacío inevitable.

Trayectoria

Su camino en la actuación comenzó en la adolescencia, casi por casualidad. “Tenía como 14 o 15 años. Vi una obra y me impactó todo: las luces, el vestuario, el trabajo en equipo. Ahí dije: “Yo quiero hacer teatro”, recuerda.

Sin embargo, no fue hasta su etapa universitaria que decidió dar el paso definitivo, ingresando a un grupo teatral que marcaría su vida.

“Ha sido una de las mejores decisiones que he tomado”, asegura. Desde entonces, su visión se ha orientado hacia un teatro con propósito, influenciado por experiencias formativas en Centroamérica que lo llevaron a explorar un arte que no solo entretiene, sino que también cuestiona. “Me interesa un teatro que incomode, que haga reflexionar”, sostiene.

Esa misma filosofía es la que lo ha impulsado a proyectarse fuera de Panamá, enfrentando los desafíos de una industria limitada a nivel local. Para Newball, la clave ha sido clara: “Todo parte de la determinación; hay que trabajar, esforzarse y sacrificar”.

Su experiencia internacional no solo le ha abierto puertas, sino que también le ha permitido reafirmar su rol como creador dentro del proceso actoral.

“El actor tiene que desmenuzar, reconstruir y aportar... no es solo ejecutar, es crear”, enfatiza.

Con una presencia escénica fuerte, suele interpretar personajes de carácter, intensos y complejos, pero siempre busca ir más allá de lo evidente.

“Me gusta construir personajes con matices... entender qué los llevó a ser como son”, explica. Esa profundidad se refleja en ‘Los Trazos de la Memoria’, una obra que conecta con una experiencia universal: la ausencia. “Todos estamos ahí... siempre hay alguien que se va y alguien que se queda”, dice.

En esta edición del festival, Jaime Newball no solo sube al escenario a interpretar un papel, lo hace también para honrar una historia compartida, sostener un legado y transformar el dolor en arte. Porque, como él mismo deja entrever, hay funciones que trascienden el aplauso y se convierten en memoria viva.