[Cuento] Los hilos traviesos

  • domingo 11 de enero de 2026 - 12:00 AM

No se imaginan el trabajo del sol para no perder sus rayos. Son tantos que en la tierra tardaríamos siglos en contarlos.

Cuando en cuando se le pierde uno lo echa de menos, pero tiene que seguir calentando a los planetas.

Cada rayo tiene un deber: brindar calor y luz.

Fulano, corre que casi amanece en Panamá.

Mengano, a las cumbres heladas de Japón.

Sultano, a las pampas de Argentina.

Es gran fábrica de luz.

Entre millones de rayos obedientes, tres no seguían las reglas.

Hilin 007, generoso como una hoguera.

Hilin 008, curioso, siempre persiguiendo el saber.

Hilin 009, soñador y distraído, con la mirada puesta en lo que nadie más veía.

Una madrugada, cuando el sol aún desperezaba su melena, los tres hilos decidieron soltarse.

Cayeron en la tierra y se escondieron entre las hojas para observar el mundo.

Hilin 007 sintió el frío de una mujer que dormía bajo un puente y le dio calor.

Hilin 008 vio un libro tirado en la acera y se dejó absorber por ellas páginas.

Hilin 009 vio a dos niños dando vueltas en un tiovivo (carrusel) y se acomodó en uno de los caballos.

Las noches fueron largas para los tres hermanos. La primera durmieron en las hojas húmedas de un árbol. La segunda, colgados de los cables de la luz y la tercera, sobre el techo de una escuela.

Al cuarto día la patrulla solar los encontró y regresaron al sol que les reprochó la escapada.

—Ahora díganme: ¿qué han traído?—dijo el sol.

Hilin 007 habló primero: —Traje el recuerdo del frío. Ahora sé cómo dar calor a quienes más lo necesitan.

Hilin 008, respondió: —Traje hermosas palabras. Las encontré en un libro.

Hilin 009, tras un silencio, dijo:—Yo traje la risa.

Esto ocurrió hace bastante tiempo, pero dicen que tres hilos aparecen en la tierra cuando alguien siente frío, cuando alguien deja tirado un libro en alguna parte o cuando un niño está triste para hacerlo reír.

Y dicen que allá arriba implementaron los cinco minutos de la risa, si hacemos silencio, total, es probable que escuchemos la risa de los millones de rayitos.