Contar desde la piel

El cuento del Martes del 11 de junio del 2019
  • martes 11 de junio de 2019 - 12:00 AM

Hace tiempo que la industria del cine está sufriendo cambios importantes, y - aunque se resiste con el poder que siempre ostentó - sus narrativas artísticas menos comerciales han encontrado plataformas ideales para sortear las leyes de distribución, que dictaban cómo, cuándo y dónde se podían ver las películas que ellos querían.

Hay movimientos como el #MeToo, que han movido el piso de productores, actores de los favoritos de Hollywood y directores que estaban acostumbrados a usar gente para lograr su fama. Ahora el público empieza a opinar directamente y se sabe un poco más sobre el negocio de llenar salas.

Recientemente, la empresa Netflix se reveló como algo más que una plataforma para ver cine en casa, y se acomodó en los premios Oscar con una producción de alta calidad artística. Unos meses más tarde, una de mis directoras favoritas aparece con Elisa y Marcela para ponernos a conversar sobre cómo contar historias que en su momento fueron sólo un chisme de pastoreo. Isabel Coixet nos lleva por un viaje de piel y usa este elemento para relatar cómo ocurrió el primer matrimonio homosexual en España en una época en la cual parecía un imposible.

Una piel joven recorre un largo trecho para encontrar una avejentada. La pregunta ‘¿Te puedo tocar la cara?' nos inicia en el conflicto. Marcela es de poco hablar, una estrategia para hacernos fijar la mirada en sus gestos, que también son parcos, pero lo que no sabe ocultar es su piel. Elisa, más elocuente y mejor educada, observa estas sutiles maneras de expresarse y sufre (en su propia piel) la crueldad de una sociedad que está dispuesta a lapidarla, con tal de enseñarla conservar las formas.

La película está narrada con esta relación desde y hacia la piel, en la que las escenas eróticas nos llevan por las constelaciones melanománticas de sus protagonistas, sin olvidar al pulpo como símbolo del deseo sexual que habitaba la historia. De esta forma, la historia Elisa y Marcela provoca al espectador desde la experiencia del tacto, una que ni en una sala 4D se podría lograr.

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