- viernes 27 de abril de 2018 - 12:00 AM
LITERATURA
Justo Arroyo (1936), es por mérito propio, uno de los más importantes escritores de la historia panameña que merece recibir el mayor de los reconocimientos que representa que su obra sea promovida, leída y analizada en las escuelas y colegios del país. Es un narrador cuya técnica y herramientas lo posicionan incluso, entre los escritores latinoamericanos que deben tener un sitial especial en la vitrina de las artes literarias en el continente.
Arroyo acaba de ser seleccionado por los miembros del Consejo Nacional de Escritoras y Escritores de Panamá para recibir la Condecoración Rogelio Sinán. Esta condecoración fue creada mediante la Ley 14 de 7 de febrero de 2001 y es considerada el máximo galardón que concede el país al escritor o escritora panameños que, por reconocimiento a su trayectoria y la totalidad de su obra, merece ser honrado con tal distinción.
Hablar de la obra de Justo Arroyo significa explorar profundamente la condición humana con historias que abordan las interioridades de las relaciones personales y sus consecuencias en una sociedad que lucha contra ella misma para encontrar respuestas y que con el paso de los años y las realidades impuestas se desborda en episodios que merecen ser contados para que queden registrados como un aporte de la literatura panameña al mundo.
Su obra literaria es extensa, destacándose libros como ‘Vida que olvida', ‘Semana sin viernes', ‘Rostros como manchas' y ‘Sin principios ni fin' y ‘Otra luz', que han sido merecedoras del Concurso Literario Ricardo Miró que ha ganado en diferentes versiones, tanto en el género de novela como cuentos.
En días pasados el Ministerio de Educación informó sobre la decisión del CONEYEP de distinguir a Arroyo como el escritor condecorado con el nombre del máximo escritor de las letras panameñas, Rogelio Sinán.
El escritor nacido en Colón, considera en sus escritos a la vulnerabilidad del ser humano, los conflictos que fluyen permanentemente en vida diaria, la identidad nacional que lucha por emerger a pesar de las influencias externas que confunden al panameño, los cuales son retos universales que salen a relucir en debates en todas partes del mundo.
Sería tan preciso y oportuno que no sólo una Condecoración y reconocimiento económico fueran parte de la distinción, sino también que el escritor o escritora condecorado se comprometiera a realizar una gira nacional por universidades, colegios y escuelas del país, y que los dos años que siguen para la próxima Condecoración, tanto el Ministerio de Educación (MEDUCA) y el Instituto Nacional de Cultura (INAC), organizaran una agenda conjunta para promover y dar a conocer la obra de los escritores distinguidos, lecturas y análisis de sus obras y una edición oficial costeada por el Gobierno Nacional, que incluso sería enviada a las principales bibliotecas del mundo. Incluso, ese sería el escritor que debe representar al país en los principales Festivales literarios y Ferias del libro en el mundo. Esa es una manera de dar a conocer lo mejor del recurso humano de Panamá.
La política cultural del país no existe. No ha habido manera que las autoridades entiendan que no son acciones aisladas, sino que tienen que estar enmarcadas en un plan nacional articulado por diferentes instituciones para que el impacto tenga los resultados esperados. Si bien los recursos en la educación y la cultura no son infinitos, pueden colaborar significativamente a derrotar a la pobreza motivando a más jóvenes a escribir, a pensar, a sentir que son responsables de una sociedad que merece oportunidades de desarrollo reales.
No sólo lo que importa es el crecimiento económico, sino la oportunidad de crecer intelectualmente y fortalecer la opinión de miles de profesionales panameños que se gradúan de universidades en el país y en el extranjero, pero desconocen a sus artistas, el folklor, nuestras raíces y lo que realmente somos como panameños porque nadie les ha dado la oportunidad de reconocerlo.
Para Justo Arroyo nuestro reconocimiento y el compromiso de que su obra será dada a conocer por los que pensamos en un país con oportunidades y que esas oportunidades deben ser construidas desde los mismos ciudadanos ante la falta de visión de las autoridades.