Luces de luciérnagas

Una vez, mientras estaba en la cordillera central de nuestro país en una noche estrellada de enero, rodeado de familias humildes, pero e...
  • jueves 29 de diciembre de 2011 - 12:00 AM

Una vez, mientras estaba en la cordillera central de nuestro país en una noche estrellada de enero, rodeado de familias humildes, pero emprendedoras, de repente en el cielo explotaron unos fuegos artificiales, convirtiendo la noche en día, en ese instante, uno de los niños salta y grita: ‘Papá, papá, ¡luciérnagas voladoras!’.

Transcurridos muchos años de lo ocurrido, he observado cómo se ha popularizado el uso de los fuegos de artificios y la forma incorrecta en que se venden en los semáforos -luces de Bengala, volcanes, tiras de bombitas, estrellitas, cebollitas- en tiempos navideños y de Carnaval como si fueran naranjas injertadas o estuches de celular. En un país en el que aún pululan los que menos tienen, que según la encuesta de Niveles de Vida, del Ministerio de Economía y Finanzas, cuatro de cada 10 panameños viven en pobreza total, un 37.2% y un 16% del total de la población, o sea 511,800 compatriotas son pobres, por lo que en vez de incrementar el uso de fuegos artificiales debemos preocuparnos por los que poco o nada tienen en Panamá. A pesar de ello, un segmento importante de la población sigue haciendo importantes compras de estos artificios para festividades y actividades familiares y comunitarias, que muchas veces son solo vanidad. Según el Cuerpo de Bomberos de Panamá, para 2011 se importaron 36 contenedores de fuegos de artificio.

Hacemos un llamado enérgico a la población a que reduzca los gastos en juegos pirotécnicos, pues no podemos darnos el lujo de gastar en pólvora y sales de colores, lo que bien puede servir para abrir una cuenta de ahorros o ayudar a parientes menos agraciados a celebrar una Navidad o un Año Nuevo mejor o a comprar útiles escolares para la jornada lectiva del 2012.