- lunes 28 de julio de 2014 - 12:00 AM
Frank Thomas sollozó, Joe Torre ofreció disculpas por omitir nombres en su discurso y Tony La Russa reconoció que se sentía nervioso.
El ser elevado al Salón de la Fama de béisbol puede causar tales efectos, inclusive en figuras tan connotadas.
Thomas, los lanzadores Tom Glavine y Greg Maddux, así como los pilotos Bobby Cox, Torre y La Russa fueron consagrados el domingo en el templo de los inmortales de las Grandes Ligas; todos rindieron un homenaje a sus familias ante una multitud de casi 50.000 admiradores.
A Thomas le embargó la emoción cuando recordó a su padre, ya finado.
‘Señor Frank, sé que está viendo. Sé ciento por ciento que sin usted no estaría hoy aquí en Cooperstown. Usted siempre me guió, ‘puedes ser alguien especial si perseveras’. Guardé esas palabras en el corazón, papá’.
‘Mamá, te agradezco todo tu amor de madre y tu apoyo. Estoy consciente de que no fue fácil’.
La jornada fue como un especial de reencuentro para la ciudad de Atlanta. Glavine, Maddux y Cox fueron parte integral de un sostenido ciclo de éxito de los Bravos.
Salieron campeones de su división en 14 años seguidos y participaron en 15 playoffs , ganando el único título profesional de la ciudad, en 1995.
‘A Tom Glavine y Greg Maddux, y al tercer miembro de nuestro gran tridente -- John Smoltz -- con toda honestidad diría que no podría estar aquí de pie si no fuera por ustedes’, dijo Cox.
Maddux, ahora con 48 años, ganó 355 juegos y perdió 227.
‘Pasé 12 años en Chicago, 11 en Atlanta, y ambos fueron sitios muy especiales’, dijo Maddux.