Afición respalda el Béisbol Juvenil pese a fallos dirigenciales y malas condiciones

La afición sigue poniendo el pecho, la dirigencia del béisbol nacional mantiene una deuda pendiente con el torneo juvenil.
  • domingo 08 de febrero de 2026 - 5:32 PM

Análisis. A pesar de los desaciertos de la dirigencia del béisbol criollo y del deterioro de varios coliseos deportivos, el público ha respondido con firmeza en lo que va del 57.º Campeonato Nacional de Béisbol Juvenil 2026, demostrando que la pasión por la pelota sigue más viva que cualquier grieta en el concreto.

Los fanáticos han abarrotado los parques de pelota, principalmente el moderno estadio Mariano Rivera de La Chorrera y el José Antonio Remón Cantera de Aguadulce, los dos escenarios que mayor asistencia registran hasta el momento en el certamen juvenil.

La afición ha llenado los estadios sin importar las pésimas condiciones que presentan algunos escenarios deportivos, restando importancia incluso a la presencia de los llamados “machuchones” —peloteros mayores de edad— compitiendo junto a jugadores de apenas 15 años.

El torneo juvenil continúa demostrando su profundo arraigo en una fanaticada marcada por el regionalismo y plenamente identificada con sus equipos y peloteros.

Las malas condiciones de varios coliseos, algunos convertidos prácticamente en trampas de muerte, no han sido impedimento para que los amantes del deporte rey respalden el campeonato con su presencia.

La muestra más clara del deplorable estado de algunas instalaciones se dio en el estadio José de la Luz Thompson, cuando parte del muro del jardín central colapsó, obligando a modificar la sede de Panamá Este.

Esta situación afectó notablemente el rendimiento del equipo, que dejó de jugar en casa donde mantenía una marca perfecta de 8-0.

“Nos afectó muchísimo la caída del muro, ya que teníamos marca perfecta jugando en Chepo. Eso nos chocó fuerte y es algo que no debe pasar en un campeonato nacional”, aseguró Sebastián Arroyo, timonel de los Toros de Panamá Este.

La fanaticada de los Vaqueros de Panamá Oeste ha sido una de las más fieles del torneo, con un total de 28,817 aficionados en la ronda regular, según un informe divulgado por la Federación Panameña de Béisbol (Fedebeis).

Los chorreranos han demostrado su respaldo incondicional llenando el estadio Mariano Rivera para apoyar a la novena de Panamá Oeste, el equipo de mejor desempeño a lo largo del campeonato.

Por su parte, la fanaticada coclesana también ha dicho presente en el Remón Cantera, donde ingresaron 21,354 aficionados durante la fase regular.

Mientras tanto, en el estadio Omar Torrijos de Veraguas se contabilizan 13,211 fanáticos, reflejando que el respaldo del público se mantiene en todas las regiones del país.

Asistencia por estadios

Mariano Rivera: 28,817

José A. Remón Cantera: 21,354

Omar Torrijos: 13,211

Roberto Hernández: 11,639

Kenny Serracín: 6,359

Glorias Deportivas: 6,283

Rod Carew: 5,827

Justino Salinas: 3,537

Claudio Nieto: 3,303

José de la Luz Thompson: 3,127

Juan Demóstenes Arosemena: 3,030

Calvin Byron: 1,803

Metetí: 1,762

Julio Goff: 790

Total general: 110,842 aficionados.

La deuda dirigencial

Sin embargo, mientras la afición sigue poniendo el pecho, la dirigencia del béisbol nacional mantiene una deuda pendiente con el torneo juvenil.

No basta con publicar cifras de asistencia si no se garantizan estadios seguros, calendarios coherentes y condiciones equitativas para peloteros que apenas están dando sus primeros pasos en el alto rendimiento.

El respaldo del público contrasta con la fragilidad estructural de varios coliseos y con decisiones administrativas que terminan afectando la competencia.

La caída del muro en Chepo no fue un accidente aislado: fue un síntoma de abandono, de improvisación y de una fiscalización que llega tarde, cuando el problema ya explotó.

La fanaticada sigue llenando graderías por amor al juego, no por eficiencia dirigencial. Y ahí está la paradoja: el béisbol juvenil sobrevive más por la fe de base del pueblo que por la gestión de escritorio.

Si Fedebeis no pasa del boletín al martillo, el riesgo no es perder público, sino poner en peligro a quienes sostienen con aplausos un campeonato que merece algo más que pasión: merece responsabilidad.