Vamos bien

C uando se aproxima alguna celebración, que son varias al año, el panameño común se rompe el coco buscando la manera de agenciarse unos ...
  • domingo 30 de octubre de 2011 - 12:00 AM

C uando se aproxima alguna celebración, que son varias al año, el panameño común se rompe el coco buscando la manera de agenciarse unos realitos extras para irse al interior o festejar la fiesta a su manera. Por eso, Lencho y Juancho, vecinos y compadres, decidieron montar un negocito temporal de venta de sancocho de gallina de patio que, de seguro, comprarían los jugadores de fútbol que se reúnen cada domingo en la cancha sintética del lugar. Ese domingo, previo al inicio del Mes de la Patria, Juancho y Lencho se levantaron de madrugada a pelar varias gallinas de patio, mientras uno las desplumaba, el otro las descuartizaba. Todo era camaradería. A las seis de la mañana se preguntaron, ¿cómo vamos? Vamos bien, respondía el otro.

Nada presagiaba un contratiempo, pelaron el ñame, picaron los culantros. ¿Cómo vamos?, compa. Vamos bien. Antes de las once llegaron con varias ollas de sancocho y enseguida empezaron la venta. Una vendedora de banderitas tricolores, las de la patria, pasó en ese momento luciendo una ropa tan ajustada y reveladora que le desajustó los nervios a Lencho, quien, por no apartar la mirada del trasero africano, dejó ir a un cliente sin pagar. Volvió a la realidad porque el compadre le metió un codazo preguntándole, ¿cómo vamos? Lencho titubeó y le dijo, vamos bien.

Pero como dice el viejo refrán: ‘Dados, mujeres y vino sacan al hombre del buen camino’, a la una tuvieron su primer revés, pues llegó Ramira, una lugareña con la que Lencho se desahogaba de vez en cuando. La mujer apareció con una olla grande y ella misma la llenó de sancocho. Aunque a Juancho le hirvió la sangre, no dijo nada porque él era un fiel convencido de que a la mujer que da, hay que darle. Y cómo vamos, compa. Vamos bien, respondió con una sonrisa hipócrita.

Fue en ese momento que llegó Angelina, una vecinita medio tracalera, pero que tenía unas pechugas tan majestuosas como el cerro Ancón y a las que Juancho les tenía el ojo puesto desde hacía rato. La guialcita le coqueteó dizque preguntando, con doble sentido, si el sancocho tenía ñame del que ‘babeaba’ o del otro. Se fue después de comerse gratis tres platos de sancocho. Y fue la ocasión que aprovechó Lencho para preguntar la clásica, pero el compa no quiso contestar porque su mente solo procesaba la imagen de los turbulentos senos de Angelina.

A las tres en punto habían terminado la venta. Contaron el dinero, le pagaron la deuda al chino y se repartieron la ganancia que, pese al cliente que no pagó y a los sancochos regalados, fue buena. Y ¿cómo vamos?, repitieron ambos. Vamos bien, dijeron al mismo tiempo.

Y en verdad todo iba bien hasta ese momento. Pero la tentación que nunca falta y el poder que dan los panchos en el bolsillo los llevó hasta la gallera. Vamos a ver nada más, compadre, decía Lencho. Apuñale bien su platita, miramos un ratito y nos regresamos. Vamos bien, compa, no se preocupe.

Ya en la gallera, a Lencho le brotó el sentimiento patriótico cuando supo que un gallo se llamaba ‘Viva Panamá’. Compa, vamos a apostarle a ese que tiene nombre patriótico. Contagiados por los fanáticos apostaron el 90% de la ganancia del sancocho. Una hora más tarde se arrepintieron de la insensata decisión, pues ‘Viva Panamá’, herido brutalmente por su rival, abandonó el ruedo. Cabizbajos y ‘casi limpios’ regresaban cuando se encontraron a Ramira y a Angelina, quienes ni siquiera los saludaron, pues iban acompañadas de sus maridos. Ambos se miraron y se preguntaron, ¿cómo vamos? Con amargura y al mismo tiempo respondieron: Vamos bien…

Llegaron al minisúper y pidieron una caja de ‘Panamá’. Más tarde regresaron a sus casas con las ollas y los bolsillos vacíos, pero vamos bien…