Una suegra peligrosa
- viernes 28 de enero de 2011 - 12:00 AM
Hay un refrían que dice que en pelea de marido y mujer nadie se debe meter, mucho menos la suegra, quien a la larga, es la que pierde, porque la largan de la casa y queden los resentimientos y las venganzas, como sucedió en una familia, que hasta entonces eran el ejemplo del barrio.
Todo sucedió cuando Carmen le reclamó a su esposo Hilario por algunas prendas femeninas que encontró en el baúl del carro, entre estas ropa interior sexi y bikinis. El hombre alegó desconocer la procedencia de las piezas y hasta juró por todos los santos habidos y por haber que era más inocente que una mariposa.
A partir de ese día la pareja armaba un revolcón todos las noches, cuando estaban viendo televisión y en la madrugada, cuando el hombre se disponía irse para el trabajo y que decir cuando ella decidía viajar con él, para ver qué vecina o amiga lo esperaba en la esquina del barrio, como le habían asegurado que ocurría.
Un sábado Carmen se dispuso a lavar el carro. Nunca antes lo había hecho, pero el propósito era buscar evidencias que comprobaran la sospecha, tal como sucedió, pues encontró un pantie color rojo y un sostén grande, lo que indica que la dueña era tetona, además de dos condones. Se volvió a prender el rancho, ella se amargó y le amargó el día a Hilario, quien volvió a jurar que no sabía de quién son esas prendas. Incluso le recordó que a él no le gusta usar condón.
Esas peleas entre el marido y su mujer se volvieron diarias, a tal punto que la Policía tenía que intervenir a solicitud de algunos vecinos.
Una tarde Carmen encontró en el carro varios lápices de cejas, colorete y otros maquillajes, y ni siquiera esperó preguntarle a Hilario de donde salieron esas cosas, le reventó un vaso de vidrio en la cabeza, que le causó un apr de cortadas, por lo que tuvieron que llevarlo al hospital Santo Tomás, donde lo suturaron y le cogieron 15 puntos.
Hilario, ya cansado de la situación, puso una video cámara en el garaje de la casa, sin decir nada en su casa. Pasaron varios días y cuando el hombre fue a ver lo filmado la que salía en la cinta era su suegra Antonina, 69 años de edad, que estaba ‘sembrando’ dos tangas en el baúl del carro.
Hilario llamó a los hijos, quienes vieron el video y se lo comunicaron a su madre, quien dudó hasta convencerse por si misma. Vio el videl y allí estaba su madre Antonia.
Por último llamaron a la abuela de los pelaos, la madre de Carmen, es decir, la suegra de Hilario, quien quiso negarlo todo, alegando que ella estaba limpiando el carro, pero ante la contundencia de las pruebas, no le quedó más que confesar que no quería al yerno, pues ella siempre quiso que su hija se casara con Roberto, un vecino de buena familia y que le podía ofrecer un mejor futuro.
Por más disculpas y perdones que le pidió a su hija, de nada le valió. Ahora ni Carmen ni sus otros hijos e hijas, que suman seis, quieren tenerla en sus casas, por lo peligrosa que resulta, por eso le metieron en una casa para viejos, donde solamente le permiten ver televisión y le dan sopa de lentejas todos los días. Ahora se lamenta de haber querido romper el matrimonio de Carmen con Hilario, quien el fin y al cabo, no era un yerno tan malo, por lo que ahora tiene la fama ser la suegra entrometida.