Sazonando un pavito de Año Nuevo
- viernes 30 de diciembre de 2011 - 12:00 AM
Un pavo de 30 libras, una botella de vino seco, 2 libras de carne molida, una libra de papas, recao verde, 20 manzanas, 10 libras de uvas, 3 dulces de frutas, una rosca de las grandes, una jeringuilla, **Pague adelantado un tanque de gas donde el chinito, ***Lléguese el 30 bien temprano, que estaré sola, para que ‘me sazone bien mi pavo’. No olvide traer los mandados.
Dos emociones intensas y contradictorias se apoderaron de Javier cuando a su celular llegó este mensaje de Pilar, la única guial que a él de verdad le subía la temperatura, pues era una de las mujeres más bonitas del vecindario, tenía unos senos gigantescos y firmes separados por un apretado caminito de carne por donde él siempre había añorado meter cosas y cositas, pero ahora que el fin de año le ponía tremenda y deseada oportunidad, él estaba sin trabajo y limpio, cero centavo para comprar todo lo que estaba en la lista de la bella y carnosa Pilar.
Pasó la noche en vela repasando sus pertenencias, sumando y restando. Pensó en vender una pinta de sangre, pero con eso no le alcanzaría, además le daba temor que esto influyera negativamente en el jaloneo que él suponía se formaría en los brazos de Pilar. El alba del nuevo día lo encontró insomne pensando en los encargos de Pilar, pero sobre todo en el momento en el que él pudiera meter aunque fueran sus dedos meñiques por la ranura de sus senos de oro. Se durmió brevemente y soñó que Pilar estaba en una hamaca, y que él trataba de meter el dedo entre sus senos túrgidos, por lo que ella se enojó y lo amarró con su negra y larga cabellera al árbol de cedro que estaba en el patio. Tras muchos gritos y forcejeos, un político del sector llegó a soltarlo en agradecimiento por haberse gastado varios pares de cutarras caminando en busca de los votos. Cuando despertó recordó el eslogan de campaña del político: ‘El que la sigue, la consigue’. Animado se levantó y fue a la oficina del político, quien enseguida le preguntó ‘cómo anda el termómetro político’. Javier contestó tajantemente: ‘Caliente, hay treinta con ganas de inscribirse en el partido, pero no tienen plata pa’l viaje. El político le dio un buen par de billetes y serio le dijo: ‘El primer día laborable después del Año Nuevo te quiero aquí, a primera hora, con esos treinta individuos con cédula en mano’.
A las once en punto, mandados en mano, llegó donde Pilar, quien dijo: ‘Vamos enseguida pa’l cuarto, antes de que regresen mis nietos’. Pasaron el picaporte y se metieron a la cama. Pilar quería echar cuento, pero Javier replicó ‘El asunto es para ya, así que vamos quitándole esa ropita que tiene rato de estar estorbando’. Cuando Javier tuvo en sus manos los anhelados pezones se olvidó por completo del político y de los treinta adherentes. Dos horas después, cuando ya habían practicado cuanta posición recordaban y ya Javier estaba casi que cansado de recordar su primera etapa infantil, decidieron darse un descanso. Unos toquidos fuertes en la ventana los hicieron reaccionar. ‘Mis nietos, Javier, métase debajo de la cama, por mientras’, dijo roncamente la apasionada mujer.
Javier tuvo que aguantarse seis horas debajo de la cama, hasta que a los chiquillos les dio la gana de ir a la tienda. Para entonces, ya el pavo estaba listo. ‘Lleve un pedacito de pavo para que lo pruebe’, le dijo Pilar, cuando Javier salía de la casa. ‘Ya yo me comí el mejor pavo del mundo’, le respondió él y caminó apresuradamente pensando dónde y cómo conseguiría los 30 adherentes prometidos al político.