Quien come ají chombo…

Una pareja decide unirse por la libre, nada de matrimonio, nada de iglesia, nada por lo civil y mucho menos a punta de escopeta; se esta...
  • lunes 30 de agosto de 2010 - 12:00 AM

Una pareja decide unirse por la libre, nada de matrimonio, nada de iglesia, nada por lo civil y mucho menos a punta de escopeta; se establece en un apartamento cerca de calle Q Calidonia porque los vecinos todos están identificados por la misma causa, ¡los negros al poder!

Basilia es de la costa abajo y su esposo Carmelo, de la costa arriba —ambos colonenses—, y decidieron establecerse en la capital porque son de opinión que hay mayores oportunidades de trabajo.

Carmelo es gordo, sin embargo, logró comprar un taxi, mientras que Basilia planchaba y lavaba para otras familias, situación que les permite tener una forma media buena de vivir, sin necesidad de hacer otras cosas.

En ocasiones discutían tan alto que los vecinos se quejaban, pero al fin y al cabo eran marido y mujer. Algunas veces discutían con otros vecinos que no soportaban el olor de un agua con que trapeaban el piso dizque para ganar en la lotería. Peor aún cuando con esa misma agua se bañaban, costumbres propias de los pueblos de donde provienen y que data de otras generaciones.

En algunas ocasiones, la pareja salía a visitar a otros vecinos más lejanos en calle M y cerca de La Macarronera, donde se quedaban hasta tarde porque en algunas casas se ponían a jugar dominó.

Pero toda felicidad tiene sus momentos de agravios, ya que en una madrugada Basilia media desnuda le gritó a Carmelo que era un %$•&•’?¿, que no sabía hacerlo, que solamente quiere bajar pozo, que eso la molesta porque quedaba con las ganas.

Pero Carmelo es un hombre tranquilo, no respondía los insultos de su mujer, al contrario, se refugiaba en la casa de un vecino que lo aconsejaba para evitar problemas, porque esa mujer come ají chombo, o sea que pica como el demonio.

Pero en la noche la felicidad volvió al hogar, ya que le pasó la calentura a la mujer —tomando limonada—, pero la negra seguía echándole ají chombo a las comidas que la ponían en aprietos porque era fuego vivo, lo que consumían los dos como buenos costeños.

En otra madrugada y otra pelea, Carmelo salió desnudo a la calle ya que Basilia —también desnuda— le gritaba improperios, aduciendo que era incapaz de hacerlo por la retaguardia, que solamente quería bajar pozo, que la dejaba con muchas ganas y que se iba a buscar a otro chombo que tenga una buena escopeta.

Una ronda policial logró persuadir a la mujer que dejara de estar gritando sus relaciones íntimas, a parte que se pusiera algo de ropa, porque estaba desnuda. Otra vez tomó agua con limón que calmó la calentura de la mujer.

Pasaron algunas semanas y la pareja estaba satisfecha con los adelantos que había tenido Carmelo, quien se puso a dieta para rebajar la panza, visitó a un sexólogo para aprender cómo hacerlo con otra gorda y que es exigente en la cama.

Lo que desconocía el sexólogo era que Basilia estaba acostumbrada a los que comen ají chombo, mientras que Carmelo es de un pueblo que no saben ni pelar cocos, por eso no saben dónde come y duerme la langosta.

Pero un sábado —cinco de la mañana— Carmelo salió gritando por las calles de Calidonia —desnudo— mientras que Basilia lo insultaba que era un pedazo de %&¿•’*, por el simple hecho que no sabía hacer el 69, porque, según él, es número de mala suerte. Desde entonces no se ha sabido más de Carmelo, mientras que Basilia lo espera con los brazos abiertos —y otras cosas— porque la come ají chombo quiere chombo.