- martes 31 de diciembre de 2020 - 12:00 AM
¡Perfumes baratos, perfumes baratos! Era Homobono, el buhonero que, aunque vivía en el mismo edificio que Julián, tradicionalmente vendía sus perfumes en el centro de la ciudad, y no en el barrio. Pero Julián se lo encontró en un parque y se le acercó. ‘Eh, hola Homobono, ¿me permites ver tus perfumes?' Homobono se incomodó un poco y se le notó. Nunca vendía a sus vecinos. Y ahora resulta que a uno de ellos se lo topaba en ese parque en medio de sus afanes.
‘¿Por qué nunca vendes por la casa, Homobono? ‘Bueno, sí lo hago. A veces.' ‘Yo nunca te he visto'. ‘Usted comprende. Somos vecinos de un barrio pobre. Acá consigo más y mejores clientes'. ‘Claro, te comprarán más'. ‘Y ni siquiera tengo que gastar un discurso en convencerlos. Son gente de mayor poder adquisitivo'.
Julián miró los frascos y pensó: ‘Uno para mi mujer, otro para mi madre, otro para mi hermana. A mí no me vendría mal una colonia'. En realidad no halló caros los precios de Homobono, pero lo encontró reticente para venderle. ‘Estos ya los tengo comprometidos, me tienen que traer la plata'. ‘Me pareció que decías que tus clientes tenían poder adquisitivo'. ‘Oh sí, pero siempre viene alguno que no trae suficiente efectivo'. Se decidió por unos cuantos frascos pequeños y Homobono le hizo un módico precio de cien balboas. ‘Yo soy de los que carga poco dinero y gano poco. Te puedo pagar 60. ¿Me darías crédito por los otros 40?' ‘¿Ve lo que le digo? No puedo. Le vendo estos dos'. Y Julián se llevó los dos frascos por el dinero de que disponía. Los envases eran atractivos y venían sellados en plástico, por lo que no pudo probarlos.
Una vez junto a su madre Julián sacó los frascos y procedió a abrir las cajas de cartón. La mamá lo miró extrañada. ¿Perfumes en la calle? ¿Y envueltos en cajas de plástico? Mmm… murmuro arrugando el ceño. Julián no comprendía el temor de su madre. Cuando quitó los envoltorios, oh sorpresa: las botellas estaban medio vacías, y al rociar parte de su contenido comprobó que era agua.
‘Con razón Homobono no vende por la casa. Estafa a la gente y no quería que los vecinos lo supiéramos. Mucho menos tenerlos por víctimas. Y eso, seguro que no por consideración, sino para que no lo localicen'. Pero Julián había insistido tanto que puede decirse que él mismo se había puesto el puñal al cuello.
Viendo a su hijo tan desolado, doña Clementina le dijo: ‘Primera lección: los perfumes de calidad los venden las grandes casas distribuidoras, no los buhoneros. Los puedes adquirir en una farmacia o almacén reconocidos, nunca por la calle. Segundo, pensabas pagar barato, pero pagaste caro por… un poco de agua. Lo barato sale caro. Tercero: vas y le pones una denuncia a ese malandrín. Es inútil que le cobres. Los estafadores son caraduras profesionales. Los estafadores deben estar presos'.
Julián acudió a las autoridades. Sospechaban que Homobono evitaría su residencia durante las horas del día, y si en la noche veía un policía saldría huyendo. Pero los policías se escondieron. Y Homobono cayó. Registrada su casa, descubrieron que tenía mucha más ‘mercancía' para vender, quiero decir, más agua en frascos a medio llenar.
‘En la cárcel tendrá tiempo para emperfumarse o meditar', le dijo la juez que lo sentenció. Homobono fijó su mirada en Julián al pasar, y aludiendo a dos personajes cómicos de la vieja TV (el ingenuo y el pícaro) dijo: ‘Usted quería ser Rudecindo, usted quería comprar. Yo fui Trespatines, yo le vendí'.