¡Que lo abra!
- jueves 20 de diciembre de 2012 - 12:00 AM
B ayardo San Román, el hombre que en la obra ‘Crónica de una muerte anunciada’ se casó profundamente enamorado y en una fastuosa boda con la bella Ángela Vicario, a quien devolvió en la madrugada porque no era virgen, dijo que ‘juegos de manos, juegos de villanos’, para referirse a los juegos que siempre generan problemas. Las diferentes anécdotas de los jugadores del amigo secreto casi nos llevan a decir que ‘juego del amigo secreto, juego de los inconformes y desilusionados’.
La sensual Gina, el alma de la oficina, iba de puesto en puesto invitando a los compañeros a participar en el juego del amigo secreto, que en este país de los tranques y de las mujeres morenas, pero rubias y ardientes, se juega en el mes de diciembre. Los no rotundos se escuchaban por doquier y el rosario de las quejas por los regalos runchos, muy grandes o muy chiquitos no acababa. Aún así, Gina logró convencer a unos cincuenta compañeros que sí aceptaron jugar al amigo secreto, entre ellos a Sofía, de 47 calendarios que no se le notaban ni en la cara ni en el cuerpo, porque enviudó jovencita y como venía de una familia en la que las mujeres se enorgullecían de decir: ‘soy mujer de un solo hombre’, se había conformado con pelar un limón persa y comérselo en gajitos cada vez que el cuerpo le reclamaba atención, de manera que no estaba estropeada, pero sí arisca a cualquier asunto que oliera a sexualidad. Otra compañera se ofreció para hacer la tómbola y sacar un papelito con el nombre del amigo secreto, y le tocó a Gina regalarle a Sofía, la eterna viuda, quien ideó que dibujaran un árbol gigante, con muchas ramas y lo colocaran en el mural, para que cada jugador anotara qué regalo le gustaría recibir, siempre y cuando se ajustara a los veinte panchos que era el precio base del juego. Y fue ella la primera en anotar que quería un libro de algún autor latinoamericano. ‘Qué locura, en vez de pedir un macho bien plantado, pero un libro’, decían las clásicas panas, que de literatura no tenían ni idea.
Y empezaron a rumorar sobre cuál era el regalo perfecto para Sofía. Más de tres carcajadas estruendosas se oían entre las que elaboraban un listado para sugerirle al amigo secreto de la viuda.
Eran casi las dos cuando se reunieron los jugadores y un centenar de espectadores al acto de entrega y develación del amigo secreto. ‘Mmj, una gorra, cuándo ha visto ella que yo uso gorra’, dijo en voz alta uno al recibir su obsequio. Otro, enfadado, anunció que su amigo secreto necesitaba lentes con urgencia, porque le había dado un suéter talla S siendo él XXXL.
Pero el golpe final lo puso Sofía, quien salió corriendo cuando la llamaron a recibir lo suyo. ¡¡¡Que lo abra, que lo abra!!!, pedía el público. Y abrió reída la caja, que inmediatamente cerró.
Nadie entendió qué decía a gritos. La vieron acercarse violenta a Gina, a quien agarró por el pelo y la puso en segundos a comer piso y puño, mientras varios se peleaban la caja para ver si era una culebra lo que había allí. Y con movimiento de labios y señas se difundió que a Sofía le habían regalado un vibrador. Un seguridad, que le tenía el ojo puesto a Gina, se metió a rescatarla de la golpiza, pero en el afán recibió tres bofetones de Sofía, quien estaba histérica lanzando puñete e insultos a diestra y siniestra. A duras penas le quitó la caja a una compañera y subió con ella bajo el brazo a pedirle al gerente que despidiera a Gina por burlarse de su viudez.
MORALEJA: A ESAS DAMITAS MUY AFERRADAS A IDEAS DE OTRO SIGLO NO LES HAGAS BROMAS PESADAS.