Por un pelito

Muchos corrían de un lado a otro, les parecía haber oído un tiroteo en la casa de Abelardo, y tocaron su puerta, pero él salió en calzoncillos y d...
  • viernes 28 de julio de 2017 - 12:00 AM

Muchos corrían de un lado a otro, les parecía haber oído un tiroteo en la casa de Abelardo, y tocaron su puerta, pero él salió en calzoncillos y dijo que por puras ganas de joder había explotado unas bombitas que guardaba del fin de año.

Los vecinos no se comieron el cuento, hubo uno más alzado que paró las orejas y dijo haber oído un quejido que no era de gusto, sino de dolor'. ‘Abelardo hace mala bebida', dijeron varios, pero otros aseguraban que el hombre no estaba en trago.

‘Cuidado, pues, todos aquí y no le damos la mano a la vecina que de seguro está en aprietos, yo creo que debemos volver a la casa y tocarle la puerta, para asegurarnos, porque lo que se oyó fue bala, amigos, ba-la, cuento ese de las bombitas', pidió uno y solo tres lo secundaron, algunos querían ir, pero como la cuca manda, sus mujeres los pararon en seco y quedaron regañados ‘nada tienen que buscar allá, en pelea de marido y mujer nadie se debe meter'.

Erixa, que los escuchaba callada, opinó para decir que si su marido Jonás hubiera estado en la casa, ella le habría prohibido rotundamente moverse para la casa ajena, y alzó más la voz para añadir: ‘Por suerte está trabajando, porque también tiene esa manía de querer ser el Chapulín, pero yo ni por diablo le hubiera dado permiso, ni siquiera porque es primo de Abelardo, que es un payaso que cada vez que se toma unas pintas le da por celar a Brenda'.

Cuando llegaron los samaritanos había un silencio sepulcral en la casa del conflicto. No tardó en salir Abelardo, alertado de la visita por los perros; de mala gana preguntó qué coño buscaban.

A los buenos hombres se les bajó la valentía, aculillados por la mirada gris del dueño de la casa que los miró fijamente y se percató de que uno de ellos le miraba con atención el brazo derecho donde tenía una tenue mancha de sangre.

Uno recobró el valor y le gritó: ‘Habla, Abelardo, habla, no sea que estemos perdiendo un tiempo precioso, el breve lapso que te separe de ser un hombre correcto a ser un asesino, habla, dónde está Brenda, dile que salga, si todo está bien, dile que salga'.

Al hombre se le esfumaron las malas pasiones y rompió a llorar como un niño, a duras penas los otros pudieron entenderle: ‘Les parece poco que por un pelito no me haya encontrado a Jonás tirándose a mi mujer, ya estaban a punto, eso ya casi se coronaba cuando abrí la puerta y los descubrí, a ella la dejé ir, ya debe estar donde su mamá, pero a él le metí dos plomazos para que aprenda a respetar la cama ajena, lo sacan ya de mi casa y de mi hp cama o acabo de gastarme las bombitas'.

Les tocó a los defensores sacar al herido del lecho ajeno. Fue fácil conseguir una ambulancia, pero cuando estaban a punto de subirlo llegó Erixa descompuesta, iracunda y con deseos de ver correr la sangre.

Tuvieron que apartarla a viva fuerza para evitar que Jonás se complicara más, pero nadie pudo impedirle que llegara a la casa de la mamá de Brenda, adonde entró como el gallo Vicente camino a sus captoras.

‘Tú me las vas a pagar, tú eres la sonsacadora, por tu culpa mi marido está moribundo', gritó y repartió puño entre los presentes, hasta a uno de la tercera edad le tocó parte del castigo, que duró hasta que el hermano de Brenda la agarró por el pelo y la sacó de la casa.

Los del vecindario, compadecidos de verla tirada en el pavimento, la levantaron, y de allí se fue a la casa de Abelardo a reclamarle, el hombre la recibió a gritos: ‘Por un pelito no borré a tu marido del libro de los vivos, y esfúmate antes de que te borre a ti'.