El pichón de policía
- sábado 26 de febrero de 2011 - 12:00 AM
Una disputa por el amor de un joven, recién egresado de una escuela de tongos, se originó en El Chorrillo, pues dos familias se disputan el derecho de que sus hijas se casen con el policía, porque consideran que es la mejor oportunidad para sacar a la familia de la lama, pues dentro de su miseria consideraban que los uniformados tienen buen salario, créditos en mueblería y préstamos para casas nuevas, hasta un carrito podían adquirir con cómodos pagos.
Lo que pasa es que ambas familias forman parte de las más de 30 que residen en el mismo viejo caserón, que se inunda de aguas negras, que emanan de los dos sanitarios únicos sanitarios que hay para el montón de gente, pero aspiran salir de esa circulo de escasez y limitaciones.
Precisamente por esa pobreza y desempleo que cabalgan entre estas familias del barrio mártir, Domingo encontró en los estudios la única salida para salir del viejo estante. Una vez graduado de tongo, se matriculó en la universidad donde logró después de cuatro años, por lo que lo ascendieron a subteniente.
Y después de cuatro años, las familias del viejo caserón seguían peleándose por ahora subteniente, que aprovechaba la situación para salir con Rubiela y con Vianka al mismo tiempo. Ambas desconocían que compartían el mismo hombre, pues cada una tenía su hora, día y semana, para salir con el ahora oficial de Policía.
Pero una tarde, Domingo estaba de manos agarradas y en tremendo rochin en la esquina de calle 21 con Rubiela cuando se les acercó Vianka y les reclamó, pero el tongo logró calmar la tensión entre las dos mujeres, alegando que en la academia había aprendido artes marciales y le estaba demostrando cómo defenderse de los maleantes.
Pero ninguna de las dos mujeres se comió del cuento, por eso un sábado que coincidieron en el bautizo de la hija de una vecina, ambas se agarraron por los moños, se dieron patadas, puñetes y mordidas, faitin que acabó con la fiesta, aunado a que se desbordó el sanitario y el viejo caserón quedó prendido con el fétido olor.
El propio Domingo salió en estampida del lugar, mientras que los familiares de Rubiela y de Vianka se dieron del bueno y del malo, hasta que llegaron varios policías en tres patrullas, cargaron con todos los peleones para el cuarto de urgencia del Hospital Santo Tomás, donde se querían seguir dando, luego a la estación de Policía, donde el sargento, al enterarse que era por el amor de un sub teniente, mandó a todos para sus casas, porque no era pendejo de ponerle la peña al jefe.
Al día siguiente amaneció el patio inundado de aguas negras, las dos familias no se hablaban, las dos peleonas ni se miraban los ojos, pero se enteraron ese mismo día que el tal Mingo, como llaman al joven desde chiquillo, está comprometido con una sargento, de quien se enamoró en la estación y que es el refugio de los tongos.
El matrimonio se realizó en un club privado, pues el padrino de la boda es un cocotudo del gobierno, pero no invitaron a ninguno de los vecinos del barrio, porque alegan que son peleones y podrían dañarles la fiesta, así como hicieron con el bautizo.
Rubiela y Vianka volvieron a ser amigas, pero juraron que donde vean a esa sargento, le harán la vida imposible, por truncarles el futuro, por eso van a todas las protestas contra las minas, los taxis piratas y de la universidad, para ver si dan con la uniformada para sacarles la ñecs.