Las mujeres también saben mentir

El espíritu revoltoso de Alejandro andaba alborotado por los recientes ‘faitin’ protagonizados por los parlamentarios y por la gente de ...
  • lunes 06 de febrero de 2012 - 12:00 AM

El espíritu revoltoso de Alejandro andaba alborotado por los recientes ‘faitin’ protagonizados por los parlamentarios y por la gente de a pie. ‘Si allá mismo donde se elaboran las leyes se forman esos merecumbés, por qué tengo yo, que soy del populacho, que vivir apegadito a la ley’, se preguntaba a cada rato, dizque preocupado por la situación; pero lo que realmente quería era justificar su empeño en tumbarle la mujer a Ramiro, su vecino.

La hermosa Beatriz, mujer de Ramiro, pasaba todos los días, con su pantaloncito caliente, su suéter vendeteta y su caminado sensual frente a la casa de Efraín, quien aguardaba tan solo para verla pasar, admirarla y decirse: ‘Algún día, en algún momento, aunque sea una vez, me la levanto’.

En esa espera angustiosa llevaba varios años, tiempo en el que no se casaba porque, según él, la canasta básica estaba por las nubes, y su salario, que era el mínimo, no alcanzaría para comprar comida para dos personas. Pero en realidad, él no se casaba porque mantenía la esperanza de que Beatriz se enterara de que Ramiro era un quemón y lo mandara lejos, entonces él la consolaría y luego sería solamente suya. En esa esperanza de pendejos se le iban los días al guapo y ojiverde Efraín.

Mientras, Beatriz, de cara bonita, rellenita, pero con curvas y ‘mucho campo para explorar’, hecha en Panamá y a la medida de los panameños, agonizaba con ganas de saber quién era la desgraciada que se estaba goloseando a su marido. ‘Solo quiero saber quién es para ir a ‘sacarle la mugre’, pensaba ella, pero Ramiro era tan astuto en sus andanzas que no dejaba ni una pista de la amante.

Y como la necesidad es la madre de todos los inventos, Beatriz le hizo un guiño picarón a Efraín, y él se atrevió a seguirla hasta la casa donde conversaron toda la tarde hasta que ella le preguntó si sabía quién era la ‘perra-zorra’ que andaba con Ramiro. ‘Quiero el nombre, cómo es y dónde trabaja o vive’, le dijo ella en cuanto él prometió ‘ayudarla’. ‘En cuanto tenga ese dato le doy filo a esa tipa y enseguida me regreso para la casa de mi mamá. Ramiro ya será cosa del pasado’, dijo ella con tanta seguridad que Efraín quedó convencido de que había que aprovechar la situación, y hacerlo pronto, por lo que comenzó a investigar.

Llegó a la casa de Beatriz dos días después con los datos: nombre, edad, físico, tamaño, lugar de trabajo y dirección de la casa.

¿Y te vas hoy mismo para donde tu mamá?

‘Yo solo voy donde mi mamá los fines de semana’, le respondió Beatriz fingiendo que no entendía la pregunta, y se metió a la cocina para que él no viera sus lágrimas de dolor al comprobar que la otra de Ramiro era una mujer más joven y con un buen trabajo. Y como en ese momento oyó que llegaba su marido, a quien no pensaba dejar, empezó a gritar ‘auxilio, ayúdenme, me quiere violar, auxilio’, ante el sorprendido Efraín, que solo comprendió cuando vio a Ramiro entrar.

Los otros vecinos, los desocupados de siempre, acudieron presurosos a ‘ayudar’ a Beatriz, y entre ellos y Ramiro le dieron una golpiza a Efraín, a quien más tarde acusaron de intento de violación.