La guerrera
- domingo 24 de agosto de 2014 - 12:00 AM
Basilio se desencuadernó cuando oyó aquello. Quedó, como dicen los campesinos panameños, destempla’o. Pasó la tarde triste y con un dolor profundo, allá en las honduras del alma. A ratos le parecía que el dolor se adormecía, pero este volvía enseguida, tenaz y poderoso, taladrándole los oídos con el recuerdo de las palabras dichas por Domitilo, su amigo de la niñez y de toda la primaria, con quien compartió muchas veces la merienda.
El mismo que le consiguió trabajo, ya de adultos, en la compañía donde él laboraba, lo que fortaleció la amistad y la confianza, que era tanta que una tarde, Domitilo habló con él ‘de hombre a hombre’ y le preguntó si tendría algún inconveniente en que él se casara con Lorena, de quien Basilio se había divorciado tras cinco años de vida conyugal porque le pareció que ella le había coqueteado al chofer del camión que llevaba las sodas a la tienda de la esquina.
La mujer lo negó y trató de quitarle la idea, pero fracasó, por lo que se separaron en santa paz, tras vender todo lo que tenían y repartir a partes iguales el producto de la venta.
Tres años después de él dejarla, hubo boda entre su amigo del alma y Lorena, lo que no afectó la vieja amistad. ¿Cómo andan las cosas por el hogar?, le preguntaba Basilio de vez en cuando. ‘Sin novedad’, contestaba Domitilo.
Pero una tarde, cuando se tomaban unas pintitas para celebrar que Domitilo cogía vacaciones, este le dijo que Lorena era una guerrera en la cama. Y eso le había dolido mucho a Basilio.
¿Lorena?, ¿una guerrera del sexo? Se sintió hecho pedazos, pero tuvo valor para recogerse a sí mismo cuando tomó la decisión de recuperarla. Necesitaba comprobarlo de primera mano, y eso solo sería posible si la enamoraba de nuevo.
Pasó dos semanas solo con la intención, sin decirle nada concreto, llamándola para preguntarle si sabía algo de Domitilo, quien andaba por el interior.
‘Llámalo, Basilio, tú tienes el número’, le dijo Lorena una tarde, cansada ya de la llamadera de su ex, quien le habló claro: ‘Explícame cómo es eso que dice tu marido, él asegura que tú eres fogosa y que lo haces bien sabroso, que tienes un meneíto de licuadora y que sabes muchas poses, cómo es eso si conmigo parecías una vaca muerta, tirada ahí, solo esperando, pero nada de trabajarme’.
Si Basilio hubiese sabido la reacción de su ex, jamás le habría reclamado nada. Lorena le sacaliñó, sin pepitas en la lengua, sus malos hábitos de aseo y sus defectos físicos, y le gritó:
‘Quién diablos se va a calentar con un puerco como tú, que no te bañabas antes de dormir ni te cepillabas, además, mírate esa cabeza, toda blanca, pareces un viejón, ah, pero te dolía mucho gastar en un tinte, qué asco’. Fue tan dura la respuesta que Basilio quedó acomplejado de cochino, y tuvo que renunciar, porque lo ponía muy mal ver a Domitilo llegar a diario con esa odiosa cara de hombre bien atendido.