La geisha del amor

Tras haber estudiado por cinco años en el lejano Japón le quedaron algunas costumbres asiáticas, las que trata de revivir ahora en Panam...
  • martes 08 de marzo de 2011 - 12:00 AM

Tras haber estudiado por cinco años en el lejano Japón le quedaron algunas costumbres asiáticas, las que trata de revivir ahora en Panamá, entre estas el cariño de las mujeres hacia los hombres, quienes son tratados como emperadores, pues hacen el amor entre las aguas que salen de filtros colocados entre las piedras, arregladas para tal propósito. Por eso acondicionó el baño de su residencia de esa forma.

Pero lo que más la fascinaba a Rafael era que su esposa se arreglara como una geisha, mujeres que son doncellas del placer. Natalia, su esposa, lo complacía para retenerlo en casa, además que es excitante y romántico el sexo oriental, como él lo llamaba, bien diferente al occidental, que es muchas maracas y nada de bulla.

Rafael le compró ropa japonesa a su esposa Natalia, quien le corría el capricho, pues él se convertía en un semental cada vez que hacían el amor, pero sentía temor de que él lo hiciera para recordar a alguna japonesa, que lo haya hecho feliz durante su estancia en el lejano oriente, pero dejó de preocuparle el tema, pues es el pasado y está lejos.

Una noche quería hacer el amor en el piso, sobre una alfombra, por lo que hizo que Natalia se pusiera un kimono, pero sin nada abajo, mientras que él se puso un Jinbel, que es una piyama para hombre, con abertura en la parte delantera. Hicieron el amor al estilo japonés y duraron dos horas, 15 minutos y 34 segundos, cronometrados.

Pero no fue por el encanto de los vestidos que lograron tener el orgasmo largo, pues Juan le confesó a Natalia que compró en una tienda japonesa, ubicada en El Dorado, la famosa tinta negra de Kioto, que pone el pene como un hierro, por lo que el acto sexual tarda horas, lo que agradó a la mujer.

Una noche cuando Rafael regresó temprano a casa, porque los disturbios de los estudiantes obligaron el cierre del centro educativo donde enseña el idioma japonés.

Cuando llegó, escuchó música oriental y presumió que la mujer lo estaba esperando para hacer el amor como le gusta, pero se llevó la sorpresa de su vida al ver a su mujer desnuda en el piso del baño, con otro hombre, que incursionaba por la retaguardia, y a un lado tirado estaba el frasco de tinta negra vacio.

La mujer se sacudía, el kimono estaba tirado a su lado, lo que enfureció a Rafael, quien buscó un arma blanca, pero no pudo agarrar desprevenido al intruso porque este conocía de artes marciales, por eso lo dominó y logró desarmarlo.

Llegó la Policía y cargó con los tres para el juzgado nocturno, donde fueron sancionados, pero Natalia le rogó a Rafael que la perdone, que su único delito fue la curiosidad de saber si la tinta negra era efectiva con otros hombres o es él es un semental.

Rafael la perdonó y ambos regresaron a casa, donde continuaron el amor oriental, sin embargo, se olvidó de comprar la tinta negra de Kioto, por eso el orgasmo duró apenas dos minutos y 21 segundos, lo que molestó a la mujer, que ahora quiere hacerlo todo los días, por lo que lo obliga a recurrir a la magia de la tinta negra, pues lo amenaza que de lo contrario ella saldrá a buscar amor a las calles para seguir siendo la Geisha del amor.