Evidencias de amor…
- jueves 10 de noviembre de 2016 - 12:00 AM
La bella y malcriada Maruquel les decía a sus amigas: Quiero pipí grande, por eso no ando con pelaítos. Unos meses antes de terminar el bachillerato, se lo soltó a su novio, Belisario, de 30 años, quien llevaba varios días con la cantaleta de que la dejaría si no le daba una prueba de amor, prueba de carne y hueso, como dijo la exmandataria. ‘Yo necesito saber si soy el primero en la vida de la mujer con la que me voy a casar', repetía el sinvergüenza.
La prueba se realizó en el carro del descarado, que siempre andaba limpio. Luego de la prueba, pasaron dos semanas en las que Maruquel no tuvo noticias de su amado, el celular apagado y las llamadas al trabajo fueron desalentadoras: ‘Aquí no trabaja nadie con ese nombre', le decían, y en la espera llevaba ya dos meses cuando Kerima le revisó el teléfono y se enteró de que la hija ya no era doncella. La acorraló de inmediato, y la pelaíta confesó todo porque la madre le prometió que si le decía la verdad ella la ayudaría a localizar a Belisario. ‘Yo solo le di la prueba de amor que él me pidió, así que soy inocente de todo', argumentó la chiquilla, que, por pura suerte, no resultó embarazada. Cuando Kerima escuchó la frasecita pasada de moda: ‘prueba de amor', se enfureció más y decidió buscar a Belisario hasta debajo de las piedras.
‘Tan viejo que está para andar pidiendo pruebas de amor, abusador, lástima que mi hija acaba de cumplir los 18, si no, lo hubiera jodido, varios años en la cárcel le hubieran tocado por andar pidiendo pruebas de amor en estos tiempos de tanta revolución tecnológica', gritó iracunda y, sin decírselo a la hija malcriada, inició las averiguaciones para localizar al tal Belisario. Las redes no la ayudaron mucho, pero sí una foto del susodicho. La imprimió en grande y con ella en la mano subió a varios colectivos anunciando: ‘Si alguien lo conoce, dígame dónde está, es mi hermano. Mi madre moribunda quiere verlo con urgencia'. Algunos pasajeros le pedían que les acercaran la foto, pero la miraban un ratito y luego movían la cabeza en señal negativa. Durante una semana, abordó varios buses de la ruta donde, según la hija, vivía Belisario; también en vano, parecía que hasta le había dado una dirección falsa a la chiquilla.
Ya casi desfallecía en el intento de localizar a Belisario cuando se le ocurrió pasar con su foto frente a unos panameñísimos que vendían cerveza en las calles adyacente al desfile. Un pelaíto que comía raspao y que ondeaba una banderita tricolor, la oyó y la miró. ‘Ese es mi tío Lucas', gritó. La madre del pequeño, que no se había percatado de lo que decía Kerima, le preguntó por qué cargaba la foto del hermano. Kerima sangró su mente hasta hallar la respuesta correcta: ‘Es que necesito darle un dinero que le debo, y no quiero salir del país sin devolvérselo, porque él me sacó de un apuro muy grande, ¿me puede llevar a la casa de él?'. A la otra le bailaron los ojos y aprovechó para llevarla, segura de que el hermano le tiraría una tajadita que no le vendría mal a ella.
Entraron por unas veredas increíbles mientras Kerima apretaba su cartera, y fingía temor porque le robaran la plata. Lo vio a lo lejos y corrió hacia allá, el tal Belisario, que en verdad se llamaba Lucas, estaba sacando agua de un tanque comunal. Cuando la vio trató de huir, pero Kerima logró sorprenderlo y lo delató delante de la esposa, los hijos, y hasta la suegra, quien aprovechó para descontarse las humillaciones de la hija, instando a Kerima a que llevara el caso a la justicia. Pero no era ese el interés de Kerima, ya que su hija no era menor de edad, ella se conformaba con que la esposa del tal Belisario-Lucas supiera que él la había engañado.