En pelotas
- domingo 07 de agosto de 2016 - 12:00 AM
Siempre le queda una secuela al amigo de jugar con la candela. Belisario era ebanista, de los buenos, de manera que cuando se casó con la bella Melina no pagó ni medio centavo para acondicionar el nidito de amor que se fue enfriando poco a poco hasta que ella lo abandonó y construyó otro nidito con un tal Daniel, quien no era ‘curioso', como decía ella, de manera que la nueva casa no estaba tan hermosa ni con las comodidades que le daba Belisario. La gente, que es cruel cuando el abandonado no es de su sangre, contantemente le recordaba: ‘Ay, Belisario, mira cómo son de cabronas las mujeres, Melina despreció un pargo para comerse un cangrejo, tú vieras la casita donde ahora vive, runchita, puros muebles de plástico'. El hombre, que no había podido olvidarla, se volvía pura melancolía cuando le recordaban las condiciones en las que vivía ahora aquella que él mucho amaba.
El tiempo, que nunca se detiene y que siempre sabe hacer su trabajo, lo fue sanando con pasos lentos, pero seguros; ya estaba casi que curadito y hasta andaba en negociaciones con Pamela, quien llevaba dos fracasos, pero aún conservaba la fe y seguía creyendo en el amor. Una tarde en la que la esperaba cerca del trabajo de ella, se encontró de pura casualidad con Melina, que lo saludó con una naturalidad como si fueran viejos amigos. ‘Yo no soy rencorosa, choca esas cinco', le dijo la suculenta ex. Y los parientes de Belisario, cuando lo supieron de boca de él, le aclararon: ‘Claro que ella te ve así, como amigo, y se da golpes de pecho diciéndote que no es rencorosa, no lo es sencillamente porque fue ella la que ofendió, el ofensor nunca recuerda el mal y todo lo ve desde la idea de que hay que perdonar, pero perdonar qué si el ofendido fuiste tú'. Belisario se quedó reflexionando, y a nadie le dijo que él le había dado a la ex su nuevo número.
Días después, ella lo llamó para pedirle que fuera a la casa a ponerle unas tablillas para colocar las pailas, y a Belisario se le llenaron los ojos de lágrimas de dicha. Preguntó si Daniel sabía que él era su ex. ‘No, para nada, hay cosas que no se dicen, él ni te conoce ni sabe que tú eres ebanista', le contestó Melina y la respuesta animó bárbaramente a Belisario, que salió de su casa con sus herramientas dispuesto a componerle el mundo a su ex. ‘Arreglarte todo y hacerte lo que te falta me toma como un mes', anunció él y la ex preguntó precio. ‘Nada, aprovecha que estoy de vacaciones', afirmó Belisario, quien era feliz con que ella le sirviera el almuerzo y por verla todo el día. La felicidad se fue al carajo cuando a Daniel lo mandaron de vacaciones eternas. ‘Dígame el precio de este trabajo, no sea que no nos alcance para pagarle', le dijo Daniel a Belisario, quien habló de tratarlos suave y anunció un precio que superaba cualquier expectativa de feria. El otro solo dijo ¡jo! Al rato le anunció a Melina que lo habían llamado para una entrevista y que ‘a lo mejor' lo dejaban trabajando enseguida.
La tentación fue demasiado fuerte para Belisario y Melina cuando le tocó a él meter una tabla para reforzar la cama matrimonial. Quedaron los dos parados muy cerca y con la cama al frente invitando al pecado. Cayeron ambos horizontalmente y se dieron gusto hasta que oyeron unos pasos. Belisario no tuvo tiempo ni de voltear la cabeza ni de ver; solo sintió que lo sacaban de la cama y lo arrastraban sin lástima. No pudo evitar nada, cuando lo soltaron ya estaba en medio de la calle, desnudo y ante la vista de vecinos y transeúntes.
Perdió las herramientas y la tranquilidad, se mudó cuando supo que en el vecindario corrían dos versiones: una decía que lo tenía grande y otra que ‘con razón Melina lo había cambiado'.
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Pobrecita: Tiene la casa vacía, nada de nada
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Burlones: Ahora solo tiene muebles de plástico.