El reto
- miércoles 29 de febrero de 2012 - 12:00 AM
Las más de seiscientas mujeres que laboraban en ‘Multipolvos’, una empresa de capital panameño, se tiraban hora y media diaria charlando sobre temas sexuales. Las monitoras del conversatorio eran Guille, que llevaba 40 años en la empresa, donde empezó cuando tenía 17 años y aún era señorita, y ahora, que estaba a un tris de jubilarse, andaba con el cuento de que trabajaría hasta completar el amante número cien, cosa que las compañeras veían difícil, pues hacía tiempo que el número 99 se había ido y seguía sola. ‘Duro, duro’, le decía Amaranta, otra de las viejucas de ‘Multipolvos’, ‘que tú vuelvas a moverle el piso a otro man, eso sería un milagro de San Valentín’, añadía con ánimo de joder.
Fue en ese momento que se acercaban Evaristo y Santiago, dos de los más viejucos de la empresa, quienes ya casi completaban cuatro décadas distribuyendo talcos variados por todo el país y estaban próximos a jubilarse. ‘Evaristo será mi próximo levante’, añadió Guille, para salir del apuro.
‘Ese está casado’, dijo una del grupo.
‘Así mismo me pasa a mí cuando viajo al interior, las compañeras se la pasan cuidándome y anunciando que soy ajeno’, añadió Santiago, a quien los años ya le habían sacado un abdomen voluminoso, una calva reluciente e incontables cunetas en el rostro moreno.
La carcajada estruendosa y burlona de las oyentes rompió el silencio y rebotó en la autoestima de Santiago, uno de los pocos de su edad que no piensa, mientras pueda mover sus manos y su lengua, privarse de los placeres sexuales. Tardó dos segundos en reponerse de la vergüenza y luego retó a las presentes a irse a la cama con él para demostrarles que aún él podía y mucho.
Fueron dos pelaonas de la empresa, ambas de 30 años, y Guille las que lo miraron burlonas y le dijeron: ‘Pon fecha, hora y lugar, a ver qué es lo que traes’.
Pero el entusiasmo febril de una de las pelaonas se apagó cuando supo que Santiago, dos años atrás, había sufrido un preinfarto, por lo que no se arriesgó a meterse con el vétero en ningún hotel. La otra se arrepintió justo un día antes de la cita porque Amaranta dijo que unos científicos suizos confirmaron la validez de la hipótesis que señala que el semen de un sexagenario marchita considerablemente el rostro de una mujer treintona.
Fue Guille la única que se presentó al reto. Llegó puntual, con un pantalón bien ajustado, que realzaba su trasero africano y firme a pesar del estropeo de los 99 amantes. Su cabello recogido en una cola de caballo y su perfume con feromonas causaron el impacto esperado en Santiago, quien la vio más joven que en la oficina y tremendamente atractiva, tanto que, sin problemas, pudo hacer uso de sus ‘tres armas’ y controlar el tiempo de ida y vuelta.
Al día siguiente, en la oficina, todas querían saber los detalles, pero Guille no quiso contar nada, solo sonreía de oreja a oreja cuando las necias insistían.
Tres días después del regocijo en el hotel llegó a ‘Multipolvos’ la esposa de Santiago. Venía tan furibunda que el corpulento seguridad no pudo detenerla, por lo que fue inevitable el ‘faitin’ con Guille, quien la recibió con puñetes sólidos al rostro. Fue el gerente general el que de dos brazadas de macho las separó y las colocó a su derecha e izquierda.
Una hora más tarde, ‘Multipolvos’ perdía tres empleados: Santiago y Guille, por cachondos, y el seguridad, por maniflojo, pues no pudo impedirle el paso a la esposa ofendida.