El charlatán

Hay un dicho que dice que hablar no cuesta nada, pero a un hombre bocón y mentiroso la lengua le trajo muchos problemas, hasta una ejemp...
  • lunes 28 de febrero de 2011 - 12:00 AM

Hay un dicho que dice que hablar no cuesta nada, pero a un hombre bocón y mentiroso la lengua le trajo muchos problemas, hasta una ejemplar tunda recibió por hablar mal de una hija ajena.

Heriberto trabajaba como cantinero en una de las cantinas del bajo mundo de Santa Ana, en calle 18 Este específicamente. Él tiene la mala costumbre de hablar mal de todas las mujeres, ¡que sin putas, que si son fáciles, que si son quemonas’, en sin no había mujer alguna que no fuera víctimas de la lengua viperina del cantinero.

Pero para contar mentiras tiene que haber quien las escuche, por eso algunos chuposos que no salen del centro de vicio y corrupción, que algunos llaman cantinas, le pedían a diario otras historias de mujeres, especialmente de las pecadoras.

Una ocasión estaba libre, por eso se sentó en una mesa en la que habían tres clientes, quienes lo invitaron a tomar algunas cervezas, siempre y cuando dijera algunas de sus historias eróticas, que hacen temblar a cualquier hombre.

Heriberto le contó a Rodrigo, Ramón y Jaime ---los tres chuposos--- que cuando conoció a Fátima, era un encanto de mujer. De eso hace 10 años. Les dijo que Fátima llegó muerta de hambre de Parita, Herrera, y le consiguió trabajo como salonera con el español dueño de la cantina.

Fátima no tenía a nadie en la capital, por eso le dio hospedaje en su apartamento de Perejil, pero como no ganaba mucho dinero, en ocasiones pagaba con carne, especialmente la noche aquella cuando hizo el amor toda la noche, hasta que ambos quedaron sin aliento de todo lo que hicieron en la cama, en el baño, hasta en el piso.

Una noche se puso solo una camisa de Heriberto, lo que lo excitó como un caballo, la agarró por el moño, la acomodó en posición atrevida, que combinaba con coqueteos de alto voltajes.

No resistió la calentura, por eso la llevó hacia la cama, donde la mujer continúo su show erótico, que le enseñó una colombiana de las cantinas del Terraplén. Luego la puso a hacer de todo, hasta que logró tener tres orgasmo.

Lo que desconocía Heriberto es que Fátima es hermana de un compañero de trabajo de Rodrigo, Ramón y Jaime. Y es que durante estos 10 años la mujer se trajo a toda su familia para la capital, y algunos hermanos de la mujer quedaron trabajando como obreros de la construcción.

Por eso la historia de Heriberto llegó a oídos de uno de los hermano de Fátima, que entró en cólera y decidió darle un merecido al bocón. Logró convencer a los otros hermanos y dos primos de darle una salvaje golpiza al cantinero. Llegaron al bar de mala muerte los hombres y Heriberto al verlos llegar se alegró pensando que eran clientes. Uno le pidió una botella de cerveza, que inmediatamente le reventó en la cabeza, después lo sacaron de detrás de la barra y empezó la tercera del noveno.

Destruyeron el local. El español dueño de la cantina en vano tocaba el silbato pidiendo ayuda policial. Los iracundo hermanos y primos de Fátima sacaron a Heriberto a punta de patadas a la calle, donde lo atropelló un carro y quedó tendido sobre el pavimento. Fue rescatado por un taxista, quien trató de llevarlo hacia el cuarto de urgencia del Hospital del Seguro Social, pero no pudo porque Eladio tenía la Transístmica cerrada. Pero, a pesar de todos los inconveniente el cantinero se salvó, pero cuando se recuperó siguió en su vida de siempre, siendo un verdadero charlatán.