Doméstica en trampas

Hay domésticas que respetan el lugar donde laboran, otras que resultan atrevidas, pues permiten la entrada de hombres ajenos a la famili...
  • lunes 31 de enero de 2011 - 12:00 AM

Hay domésticas que respetan el lugar donde laboran, otras que resultan atrevidas, pues permiten la entrada de hombres ajenos a la familia para que laboran, por eso se meten en problemas y quedan sin trabajos y sin posibilidades de lograr una buena recomendación de sus ex patronas.

Y eso le pasó a Gertrudis, quien fue contratada por el licenciado Emanuel para que le cuidara a sus tres hijos, de edad escolar, hiciera los oficios de la casa y otros quehaceres domésticos, además de sacar el perro al patio.

El salario era bueno, con pago de seguro social incluido, un bono navideño y otros regalitos que le daba el patrón cada vez que regresaba de viaje, lo que hace constantemente por razones de trabajo.

Pero Gertrudis es una muchacha muy caliente y, aunque pocos lo sabes, por esa fogosidad la han botado de otras casas de familias, pues es experta en quitarle los maridos a las patronas, inclusive en una ocasión quiso violar a un menor de edad y pagó seis meses de prisión.

Pero en esta ocasión que le dieron confianza de cuidar tres niños, se le fue la mano, ya que metió a otro hombre en la casa, lo peor en la recámara del dueño, quien es soltero, porque su ex mujer, es decir, la madre de los pelaos, se fugó con otro hombre y abandonó a la familia.

Los niños estaban en la escuela y el patrón en el trabajo y Gertrudis amaneció ese día con unas ganas que se le salía por los poros. Por eso y sin razonarlo siquiera llamó a Guillermo, un amigo del barrio, quien es el que le mueve el piso, a quien le confió lo que quería y como lo quería. Raudo y veloz, Guillermo llegó como a las once de la mañana.

La doméstica ya estaba lista para el asunto, pues tenía dos meses de veda sexual y Guillermo sabe como apagar ese fuego, pero se descuidó y no se fijó que por estar en apuros de hacer lo que querían hacer, dejaron la puerta abierta.

Se introdujeron en la habitación del patrón, pusieron el aire acondicionado para refrescar el ambiente y se tomaron una botella de vino que era para las visitas y amistades de Emanuel.

Gertrudis se acomodó como la gusta a Guillermo . Empezaron con rusa, después la puso a subir el palo encebado y cuando iban a incursionar por la retaguardia, llegó el niño de 12 años y pidió un vaso de leche, pero se percató que la doméstica estaba encerrada en la habitación de su padre.

Le tocó la puerta y le exigió que saliera de la habitación, pero Guillermo seguía en su ajetreo sexual. De pronto llegó el otro hijo, el de 8 años, y pidió avena, pero la respuesta fue la misma: esperen afuera que estoy arreglando la habitación de papá.

Pero de pronto llega Emanuel con el hijo más pequeño, quien también le tocó la puerta a Gertrudis, por lo que , ahora si, la doméstica calenturienta tuvo que ponerle fin a su ajetreo para esconder a Guillermo en el ropero. Cuando abrió la puerta alegó que estaba con la marea roja y con cólicos, por eso se acostó en la cama del aptrón que es más suave y cómoda.

El hasta entonces afortunado Guillermo tuvo que soportar tres horas dentro del ropero, porque Emanuel se acostó para descansar, mientras Gertrudis preparaba el almuerzo de los pelaos. De prontó Guillermo sintió un mareo y se desplomó dentro del ropero, lo que ocasionó un ruido que obligó al patrón ver que lo había causado. Su sorpresa se llevó al ver al barbero del barrio tirado en su ropero y como llegó a este mundo, completamente en bolas.

Llamó a la Policía, que cargó con los dos para la jefatura de Betania, donde les presentaron los cargos, a Guillermo por intruso y a Gertrudis por abusadora, ahora los dos están presos, pero lejos, por lo tanto no podrán terminar lo que iniciaron en el habitación del patrón de la doméstica tramposa.