Yo no como viejos
- martes 07 de julio de 2015 - 12:00 AM
Eran muchas las aventuras de don Pacho con las que llegaban a trabajar a las casas de ese residencial. La comedera del viejo empezó tras recuperarse de un manotazo de su mujer allá abajo, porque él, en su hambruna se lo puso erecto en la cara para motivarla; por el brutal rechazo se le hincharon los gemelos y ella lo llevó al doctor porque él la amenazó con contarles la verdad a los hijos.
Se rumoró entre las vecinas que la doña hizo la promesa de atender al marido como Dios manda apenas se sanara, pero en el primer intento les salió la bruja; el hombre no reaccionó ni un segundo y con ese hecho dieron por clausurada la vida marital.
Ella quedó feliz y él se deprimió al saberse inútil para la vida. Fue una tarde en la que paseaba sus perros por el vecindario que una pelaíta que cuidaba los chiquillos del vecino le pidió dinero prestado y él le preguntó cuándo me lo pagas.
La nana no tuvo reparos y le contestó que no tenía fecha de pago, pero que podían llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos. Don Pacho lloró y le dijo que ya él era un inútil, y le contó el suceso con la esposa, pero la pelá afirmó ‘déjame eso a mí, yo soy candela pura, ya verás cómo te paro ese muerto con un ratito que te lo mueva, tú sabes hacer la pose del perrito, con esa empezaremos, etc.'.
No había terminado ella de hablar cuando ya el muerto de don Pacho estaba como un cañón. Y de allí en adelante siguió tirándose a las domesticas del barrio, la cogedera aumentó tras la jubilación, y ya todos, menos su mujer, sabían que ese era su nuevo entretenimiento.
Se decía que apenas llegaba una nueva, las otras le decían ‘cuando estés apurada de plata llama a don Pacho, que él resuelve enseguida y no aguanta mucho, con un solo remezón se le cae'.
Todo era felicidad para don Pacho hasta que a la casa de al lado llegó Yatzury, de poco años, con cara de machete pero con unas curvas contundentes que compensaban el rostro de bruja.
Y se obsesionó hasta que halló la oportunidad y le propuso el cambalache de sexo por dinero. La pelá abultó más sus gruesos labios y le gritó ‘yo no como viejos'. Fue como una trompada en la mandíbula, don Pacho se quedó clavado y sin darse cuenta soltó la cadena de los perros, que a todo correr se metieron entre el gentío que compraba legumbres.
Los gritos de terror lo hicieron reaccionar, algunos le preguntaron si se sentía bien porque lo veían pálido. Don Pacho les contestó con rencor ¿por qué la pregunta, acaso yo soy algún viejo que anda por ahí decrépito o con los huevos inflados? Y agregaba más rabioso ‘yo soy jubilado pero no viejo, vaya a preguntarle eso a su papá o a su abuelo'.
Juró vengarse y así lo hizo cuando vio que la pelaíta metía a un hombre en ausencia de los dueños, y llamó al señor de la casa justo apenas el intruso llegó; al tipo lo hallaron monta'o, trepadito en plena acción, no pudo ni ponerse la ropa.
El dueño de la vivienda le cayó a insultos y advertencias de que llamaría a la Policía y lo acusaría de robo y cuanto delito existe. Algunos vecinos entraron a ver la pega y don Pacho aprovechó para coger la ropa del hombre y con ella huyó, pero el intruso lo persiguió y en dos zancadas lo alcanzó y se la quitó.
Nadie supo por dónde huyó, pero el que quedó metido en problemas fue don Pacho porque el cuento lo oyó su mujer, que ese día regresó más temprano y en la confusión muchos de los curiosos ni se percataron de que estaba allí y comentaron ‘don Pacho fue el que avisó porque está celoso, dice que esta es la única trabajadora que se lo ha negado, etc.'.
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Apuradito: ¿Cuánto quieres por un ratito?
Poderosa: Eso no es problema, yo levanto hasta al de Matusalén.