El chinito enamorado

Pronto los padres de Ming descubrieron el interés de su hizo por convivir con los muchachos del barrio. Lo traían de cabeza y chorreando baba Marilú y Kenia
  • sábado 29 de mayo de 2021 - 12:00 AM

El chinito Ming llegó a Panamá de China en brazos de sus padres cuando apenas era un bebé. Se instalaron en un barrio del área Este de la Ciudad Capital, donde montaron una tiendita e hicieron al poco tiempo amistades con los nativos.

Pasaron los años y Ming acudió a la escuela primaria y secundaria cercana al barrio y aprendió el idioma y el trabajo que realizaban sus padres en el negocio, que pasaría a sus manos con el transcurrir del tiempo. A diferencia de sus padres, le gustaba la comida criolla panameña sobre todo el arroz con pollo y plátano frito, interactuar con otros jóvenes que no eran de su comunidad. Se anotó para jugar fútbol y hasta aprendió a bailar reggae. En muchas ocasiones posteó en Tip-Top sus habilidades en ese género.

Pronto los padres de Ming descubrieron el interés de su hizo por convivir con los muchachos del barrio. Lo traían de cabeza y chorreando baba Marilú y Kenia. La primera morena de ojos verdes y cuerpo despampanante y la segunda blanca, de ojos chocolate claros y cabello rizado.

Los padres habían acordado el matrimonio de Ming con una joven asiática que tenía seis meses de haber llegado a la ciudad capital con sus progenitores. Era una familia pudiente, muy educada, pero Ming no le paraba bola a sus padres y menos a la muchacha, que eligieron para ser su esposa.

El chinito tenía como amigos a Fermín y a Claudio, ambos latinos, muy apuestos, que tenían fama de mujeriegos, que influenciaron en él al punto que Ming se comportaba con rebeldía y hubo un tiempo que hasta abandonó los estudios, que tuvo que retomar por presión de sus padres. Con sus dos amigos salía a discotecas, a conciertos de reggae, su género musical favorito, y a la playa, a esos mismos encuentros asistían Marilú y Kenia.

Un sábado que ellos denominaban de arranque, Ming, azuzado por Fermín y Claudio se retiró del lugar con Marilú y no se supo de ellos hasta el día siguiente.Descartada Kenia, se hizo novio de Marilú , sin el consentimiento de sus padres. A la muchacha la invitaba a cenar y al cine, cuando tenía la oportunidad de escaparse de la tienda. Marilú tenía una gran obsesión por el buen vestir y usar fragancias exquisitas. Pronto se lo hizo saber a su novio, que la complacía en todo y hasta le cubría sus necesidades alimentarias , a los hermanitos y a la mamá.

Las cuentas no cuadranban con las ventas que se hacía diariamente, por lo que los padres de Ming decidieron vigilarlos sin que se percatara de ello, descubriendo que los hermanos y la mamá de Marilú iban a la tienda casi todos los días y se abastecían de toda clase de víveres, pero sin hacer el pago correspondiente.

Ese día en que los padres de Ming descubrieron lo que su enamoradizo hijo hacía, decidieron enfrentarlo y tomaron la decisión de enviarlo a China con sus abuelos maternos, pero la reacción del joven fue de rechazo y advirtió a sus padres que se casaría con su amada.

Ni aun con la advertencia de desheredarlo y suspender todos los beneficios como la mesada que recibía todos los meses surtió cambio en el joven, que un domingo agarrado de las manos de Marilú les anunció a sus padres que serían abuelos de mellizos. Los padres se levantaron del sillón y le dijeron a su hijo que de ahora en adelante tendría que aprender a ganarse la vida.

Pasaron los meses y Marilú dio a luz a dos varoncitos Jian y Wang con más características asiáticas. Ming se dedicó a trabajar como contador público y al año siguiente nacieron akame y Kumico. La familia creció y los abuelos se doblegaron al ver a los nietos con más pinta de chinos que otra cosa. Ming regresó al negocio de los padres con su mujer y sus mellizos, que a los nueve meses recibieron al quinto hermanito Huang.