Bien cotizado (parte 4)

Ayer le contamos que el cruce de miradas entre la Fulita y las dos investigadoras en la escalera del Santo Tomás fue una cosa fulminante. Tanto ca...
  • domingo 05 de enero de 2020 - 12:00 AM

Ayer le contamos que el cruce de miradas entre la Fulita y las dos investigadoras en la escalera del Santo Tomás fue una cosa fulminante. Tanto calor provocó aquello que las dos damas se sentaron en una banca, la que tenía mejor aspecto, de la entrada dispuestas a esperar a que bajara la Fula de la sala donde está hospitalizado el don. Las horas pasaban y nada. Por casi se le tuerce el pescuezo mirando para adentro. Al final no tuvieron más remedio que marcharse a la parada. Como dicen los muchachos de ahora, les falta calle, porque la Fula algo de eso se olía y se fue por las otras salidas que tiene el nosocomio. Y si algo tiene el Santo Tomás por todos lados es salidas. Las investigadoras se subieron a un diablo verde que las llevara a la Terminal y para disipar el malestar se compraron unas frituras en la fonda del letrero verde.

Pero, recuerden, que estas damas habían hablando de venganza. Eso fue lo que hicieron al día siguiente. En la mañanita, antes de irse a limpiar los pisos del mercado San Felipe, donde han laborado por décadas, se fueron a los ministerios que están en la Tumba Muerto. Preguntando llegaron a la oficina donde se denuncia el mal uso de la plata que le dan a los mayores de 65 años. Allí le explicaron con lujo de detalles, aunque no sé de dónde sacaron esos detalles, el caso de don Lolo.

Empezaron con la transformación del señor, que pasó de la noche a la mañana de ser el patito feo y se convirtió en un cisne. En el terreno del amor, contaron, era la envidia hasta de los jóvenes. Las pelás le caían como abeja. Pero todo esto se fue dando cuando el don recibió los primeros pagos del subsidio. Hasta entonces, mataba las horas en el mercado y nadie le echaba una mirada, ni siquiera de esas de desprecio. Le detallaron el cambio de la vestimenta de don Lolo, que dejó a un lado las camisas de cuatro bolsillos amarillentas porque él mismo las lava, para meterse en la onda de las camisas de rayas de colores y los jeans apretaos.

La funcionaria tomó apuntes de todo y al día siguiente se apareció por el Santo Tomás, allí la autorizaron a hablar largo y tendido con el don, que se notaba algo preocupado. La entrevista tardó cerca de dos horas. La funcionaria se despidió de don Lolo con la mala noticia de que tenían que analizar el pago. A don Lolo se le vino el mundo encima. En la tarde, a las dos investigadoras les picaban los pies por ir a la sala del don y ver qué cara tenía. Trataron de consolarlo con palabras bonitas pero todo fue en vano. Pasaron algunos días hasta que hubo semejante embrollo en los pasillos del mercado. Resulta que la Fula, conociendo la tragedia del don y de su bolsillo, fue en busca de venganza. Las dos investigadoras almorzaban una sopa de vaso cuando sintieron un manotazo cada una en la cabeza. (Cierre mañana).