Bien cotizado (parte 1)

El viejo Lolo pasó de ser don nadie a un don bien cotizado por las chichis. Esto no ocurrió por arte de magia,claro que no, porque esto no es un c...
  • jueves 02 de enero de 2020 - 12:00 AM

El viejo Lolo pasó de ser don nadie a un don bien cotizado por las chichis. Esto no ocurrió por arte de magia,claro que no, porque esto no es un cuento de hadas. Resulta que el viejo Lolo llevaba una vida bastante triste, y más triste cuando tenía que brincarse dos de las tres comidas diarias por falta de money en su cuarto de alquiler cerca del mercado San Felipe. Para coger fresco, decía, bajaba al mercado y sentaba en una banca. Desde ese sitio miraba todo lo que ocurría en el viejo caserón: que si los dueños de los bancos tratando de vender la carne, que si las doñas regateando un par de cuaras a la dueña del localcito, que si el chinito preguntando por la rebaja si compraba tantas libras para surtir la tienda.

Así se iban las horas, que le achurraban más la humanidad al viejo Lolo hasta que ocurrió el milagro. Digo milagro, no magia. El don empezó a comprarse ropa nueva en los almacenes de la peatonal y hasta jean apreta'os comenzó a usar. Las doñas que siempre miran las bruscas en el ojo ajeno decían que se había ganado unos pedacitos de 04, su fecha, que compraba con sus últimos reales. Pero unos cuantos pedacitos no dan pa' tanto. Algo más hay ahí que no sabemos. Hasta se especuló que el don había recibido unas tierras por el interior y se las vendió a un santeño que quería poner una ganadería en Veraguas.

El misterio de la repentina bonanza del viejo Lolo iba creciendo como crecen esas olas que los muchachos necesitan para surfear. Resulta que don Lolo ahora solo bajaba un par de horas al mercado, y por las malas lenguas de las del aseo, se decían que ahora frecuentaba sitios más yeyés y hasta acompañados de guiales que no pasaban los 20 y de esas que sabrá Dios cómo hacen para meter las piernas en esos pantalones. Las cosas veces que el viejo Lolo aparecía, ahora no se aparecía tan seguido, chifeaba olímpicamente la tanda de preguntas que le soltaban a su paso. Pero él, como agradecimiento a esa gente que le daba pedazos de pan y café, cuando no tenía que comer y mataba el tiempo en el mercado, se daba un par de vueltas. Así ocurrió hasta la mañana que apareció agarradito de la mano de la Chefa,, una de esas chichis que casi enseña todo lo que la madre naturaleza le dio y de las que llevó de primero cuando se repartieron los atributos femeninos. Don Lolo parecía un pavo real cuando recorría los pasillos del mercado, al lado de la fulita. Fue esa mañana que un par de envidiosas se juró que ese mismo día comenzarían a investigar por el repentino cambio de vida del viejo, que pasó de ser un ceniniento a un príncipe, claro, con las debidas particularidades. (Continuará)