Los amores del obrero

Tremendo zaperoco se le formó a un obrero de la construcción cuando sus dos mujeres llegaron a cobrar su salario mientras él se recupera...
  • miércoles 30 de marzo de 2011 - 12:00 AM

Tremendo zaperoco se le formó a un obrero de la construcción cuando sus dos mujeres llegaron a cobrar su salario mientras él se recupera en el hospital de las múltiples heridas que sufrió durante una jornada de trabajo, cuando scayó al vacío por estar viendo a otra dama que pasaba por el área.

Las dos mujeres llegaron al edificio que se levanta en San Francisco y aunque ninguna de las dos están autorizadas para cobrar el salario del obrero, ambas mostraron fotografías en las que cada una aparece con el hombre, como prueba de su relación para que les entregaran el salario.

El capataz, quien dijo llamarse Rufino, prefirió mandar a ambas mujeres para la oficina administrativa de la constructora. Allá cada una llegó por su lado, pero acompañadas de sus hijos con el obrero Polanco, quien aún desconocía que sus dos mujeres estaban tras el sobre con billetes verdes, que le adeudaban por dos semanas de trabajo más el seguro por accidente.

En la oficina Natalia —con dos hijos---mostró un certificado de matrimonio por lo civil, lo que indica que es la mujer legal de Polanco, pero Yeira, la otra, con un hijo en los brazos y el otro de tres años, mostró un papel de la corregiduría, en el que se indica que el obrero vive con ella en unión libre.

El ingeniero Saldívar, administrador de la empresa, prefirió dejar el caso a las autoridades, a donde fueron el segundo día, eso si cada una por su lado, pero una vez más coincidieron en el mismo lugar y ya cansadas de los dimes que diretes, las dos mujeres decidieron liarse a puñetes, mordidas y jaladas de cabellos, por lo que fueron sancionadas por peleonas.

Lo peor sucedió cuando ambas llegaron al hospital, otra vez cada una por su lado, dizque a visitar al marido, pero lo que buscaban era que él les firmara una nota en la que las autorizaba a cobrar el seguro. Pero se llevaron la sorpresa de sus vidas, pues al entran a la sala, estaba otra mujer, dándole la sopa en la boca y fue cuando se armó el zaperoco, pues le cayeron las otras dos en pandilla.

Polanco trataba de huir, pero le quebraron las muletas sobre la cabeza, le dieron patadas a montón y al meterse en el elevador se les cerró la puerta y le quedó una de las piernas atorada, por eso la gritadera fue de manicomio, por lo que fue ayudado por dos auxiliares de enfermería que se compadecieron de él.

Las tres mujeres siguieron sus insultos, pero fueron sometidas por varios agentes de seguridad, uno de los cuales las mandó a buscarse otros maridos, en vez de pelearse al mismo hombre, pero por atrevido recibió una cachetada. Y es que el osado seguridad desconoce que es lo pelean es el dinero del seguro, pues por ese accidente podría cobrar por lo menos 20 mil balboas.

Los familiares lo sacaron de ese hospital y lo llevaron a uno privado, creyendo que si las mujeres desconocían su paradero, se acabarían los problemas, pero se le viró la tortilla, porque cuando estaba en la sala, viendo televisión, se apareció un trabajador de la clínica que resultó ser el padre de una muchacha, a quien Polanco engañó y preñó y hasta la fecha no ha reconocido al niño.

Dimas, el padre de la joven, inmediatamente reconoció a Polanco y lo obligó a firmar un papel en el reconoce al hijo bastardo y otro en el que le cede todo lo que tiene: el seguro y el salario.

Las otras tres mujeres quedaron como llegaron al mundo, ---limpias---, pero aún están en la pelea de quién se queda con Polanco, quien dice que aunque haya quedado limpio las quiere a las tres, pues ellas son los amores del obrero: tienen que ser más de uno para que valgan la pena.