¿El 35%?, jamás

‘ Gordis, ¿están prestando? Necesito $80 para irme a carnavalear a Parita’.. ‘Doña Cata, su club está en el negocio? Quiero $40 panchos...
  • domingo 12 de febrero de 2012 - 12:00 AM

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‘ Gordis, ¿están prestando? Necesito $80 para irme a carnavalear a Parita’.

‘Doña Cata, su club está en el negocio? Quiero $40 panchos pa’completar el viaje de los muchachos que quieren ir a Dolega a los Carnavales.

‘¿Queda algo, señora Catalina? Mi mujer se antojó de irse a la mojadera de Santiago. Présteme $100 que apenas pagan el décimo le cancelo’.

Innumerables mensajes como estos, además de las llamadas con el mismo fin llegaban al celular de Cata, presidenta y tesorera de la cooperativa ‘Las quince machotas’. Por esta urgencia de dinero que tenía la gente y pensando en cobrarles un interés un poquito más elevado convocó con suma urgencia a las socias para decidir acciones efectivas, que les dieran dinero inmediato.

Por esto, el domingo empezó con una venta de patio, todas las socias trajeron su cooperación y en segundos armaron un bazar de chécheres viejos, pero aún útiles y baratos. Luego hicieron una tómbola de una canasta de licores. La misma fue pan caliente, sobre todo entre la población masculina que ya se veía bajo el corotú disfrutando con sus compañeros de farra.

Vendida la tómbola montaron un bingo con venta de saus y cerveza. Y hasta ese momento todo marchaba en absoluta armonía. Catalina mandaba y las otras catorce machotas obedecían, todo con tal de aumentar los fondos para diciembre, cuando, plata en mano, irían por esos centros comerciales a gastársela en un santiamén.

El juego de bingo y la clandestina venta seguía viento en popa, nadie peleaba, todas trabajaban.

Cerca de las diez de la noche suspendieron el bingo, porque ya había varios ebrios y, como siempre, no faltaba el impertinente que quería hablar lo que no debía, o tocar sitios prohibidos de alguna de las socias.

Cata, sin permitir que ninguna otra metiera la mano, empezó a contar el producto del día.

Y llamó a los que habían solicitado un préstamo. En poco tiempo, y como siempre, los clientes, ‘vivos, presentes y con celular activo para recibir’, no tardaron en llegar, pese a la hora, a buscar la plata.

‘Usted sabe que puede confiar en mí, doña Cata’, ‘yo nunca le he quedado mal’, ‘yo recibiendo el décimo y pasando por aquí a cancelar’, así decían los clientes que recibían su préstamo.

Fue Paredes, el vecino mejor vestido del barrio, el que alborotó el congo al preguntar con amabilidad fingida ¿y cuánto es el interés señora Catalinita?

El 35% quincenal respondió ella sin asco.

¡¡¡¡Cómo, cuánto dijo!!!!, gritó Paredes y enseguida sacó su repertorio de palabras gruesas.

‘Esto es un robo, esto es un asalto descarado, esto en un préstamo para pobres, yo las voy a acusar’, gritaba desaforado, pero no soltaba la plata.

‘No hay problema, deme el dinero, y aquí no ha pasado nada, démelo’, le dijo Cata al tiempo que el resto de las socias la rodeaba.

Pero Paredes, que veía peligrar su Carnaval en Palenque, no soltaba la plata ni dejaba de cuestionar el elevado interés. Y quiso jugarles vivo, por lo que sonriendo les dijo: ‘No faltaba más, es su negocio, ustedes mandan, en la quincena les pago los intereses y la mitad del capital’. Y quiso salir, pero las quince machotas no estaban dispuestas a arriesgar la plata tan duramente trabajada, y como él tampoco quería poner en riesgo sus culecos, no entregaba el dinero.

‘Es a la buena o a la mala’, dijo Cata.

El mensaje llegó clarito a las socias, que haciendo honor a su nombre rodearon al corpulento y alto Paredes, que empezó a tirar patadas y manotones con la izquierda, porque en la derecha tenía los cien dólares causantes del conflicto.

Después de más de una hora de lucha, las quince machotas lograron someter a Paredes y quitarle los billullos.

‘Esta me la cobro con sangre o dejo de llamarme Paredes’, les advirtió antes de salir. Pero las socias, todas de carácter fuerte, no se intimidaron y le respondieron: ‘De lo que traes, llevas, cabrón’.