¿Te quedaste soltera por mala suerte o por miedo?

  • lunes 13 de julio de 2026 - 12:00 AM

Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.

Agrega El Siglo en Google ↗️

Hay personas que dicen que están solteras porque no encuentran a la persona adecuada. Otras culpan al trabajo, a la falta de tiempo o a la mala suerte. Pero existe un grupo silencioso que tiene otro problema: les gusta alguien, todo va bien y de repente salen corriendo más rápido que un atleta olímpico. ¿La razón? El miedo.

El miedo es un personaje muy creativo. Te convence de que si te enamoras te van a romper el corazón, que si te ilusionas vas a sufrir y que si te comprometes terminarás llorando mientras escuchas canciones tristes a las dos de la mañana. Para protegerte, te hace creer que estar sola es más seguro.

El problema es que muchas personas comienzan una historia de amor pensando en cómo va a terminar. Apenas conocen a alguien y ya imaginan la despedida, el bloqueo en redes sociales y hasta quién se quedará con la cuenta compartida de Netflix. Es como comprar un boleto para una fiesta pensando únicamente en el momento de regresar a casa.

Después de algunas decepciones amorosas, el corazón desarrolla un sistema de alarma tan sensible que interpreta cualquier emoción como una amenaza. Si alguien tarda en responder un mensaje, alerta roja. Si la relación va demasiado bien, alerta roja. Si te presentan a la familia, evacuación inmediata.

Lo curioso es que quienes tienen miedo al amor suelen ser expertos en detectar defectos. Analizan cada detalle como si fueran detectives sentimentales. Si la persona mastica raro, corre peligro. Si usa demasiados emojis, sospechoso. Si parece perfecta, peor todavía, porque algo debe estar ocultando.

La buena noticia es que el amor no exige valentía absoluta. Nadie entra a una relación con garantías de éxito ni con un certificado contra el desamor. Las historias bonitas también implican incertidumbre, y aprender a convivir con ella forma parte del viaje.

Así que si llevas tiempo soltera, pregúntate algo con sinceridad: ¿realmente no has encontrado a la persona adecuada o has puesto a trabajar horas extras al miedo? Muchas veces el verdadero obstáculo no está afuera buscando pareja, sino adentro, cuidando una puerta que ya debería estar abierta.