No todas las rupturas se lloran en público

  • sábado 14 de febrero de 2026 - 12:00 AM

Aquí o en China, superar a una amante tiene un dolor particular: es un duelo sin derecho a dramatizar. No puedes contarlo en la mesa familiar ni publicarlo en redes.

Muchos hombres no se enamoran solo del cuerpo de la amante. Se enamoran de cómo se sienten cuando están con ella. Se sienten jóvenes, deseados, admirados, libres. Con ella no hay cuentas por pagar, hijos que atender ni reclamos acumulados. Hay risas, hay piel, hay adrenalina. Y esa combinación crea una ilusión poderosa.

A veces la relación clandestina se rompe porque uno de los dos se cansa de esperar promesas que nunca se cumplirán. O porque la culpa comienza a pesar más que el deseo. O simplemente porque lo que empezó como fuego termina convertido en humo.

No es solo la ausencia de esa persona. Es la caída del personaje que construiste. Porque con la amante no eras el esposo cansado, ni la mujer agotada por la rutina. Eras la versión vibrante de ti mismo. Y perder eso duele.

Por eso, intentar reemplazarla de inmediato suele ser un error. Buscar otra aventura para tapar la herida es como echar perfume sobre una habitación cerrada: disimula un momento, pero no limpia el aire.

Muchas veces la aventura no empieza por exceso de deseo, sino por falta de conversación. La rutina se instala, el halago desaparece, la intimidad se vuelve mecánica. Y alguien, en algún lugar, te mira diferente... y eso basta.

Pero también hay que decirlo: nadie es obligado a cruzar la línea. La decisión es personal. Y asumir esa responsabilidad es el primer paso para sanar.

Si decides quedarte con tu pareja formal, el trabajo no es fingir que nada pasó. Es reconstruir. Es hablar de lo que faltaba. Es volver a encender lo que se apagó. La pasión dentro de casa no muere sola; se descuida.

Y si la relación oficial ya no tiene arreglo, entonces la ruptura debe ser honesta. Porque vivir dividido termina rompiéndote por dentro.

Superar a una amante es, en realidad, enfrentarte contigo. Con tus inseguridades, con tus miedos al envejecimiento, con tu necesidad de sentirte vigente. Es aceptar que la emoción clandestina no es sinónimo de amor profundo.

Ten claro que no se trata de satanizar la experiencia. Toda historia deja una enseñanza. La pregunta es si la usarás para crecer o volverará a darte con la misma piedra.