Fantasías prohibidas: lo que tu mente hace aunque tu corazón sea fiel

  • viernes 20 de febrero de 2026 - 12:00 AM

Aunque muchos no lo confiesen ni bajo juramento, tener fantasías sexuales con otras personas, sí, incluso estando en una relación estable y feliz, es mucho más común de lo que imaginas.

No significa que el amor se haya enfriado ni que la pasión en casa esté en crisis. Al contrario: la mente humana es curiosa, creativa y, sobre todo, traviesa. Pensar no es traicionar.

El deseo y la estabilidad no siempre van de la mano. El amor busca seguridad, rutina y calma; el deseo, en cambio, necesita misterio, novedad y un toque de riesgo. Por eso, incluso en vínculos sólidos, el cerebro puede fabricar escenas subidas de tono con ese compañero de oficina, la ex que reaparece en redes o el desconocido que sonríe en el gimnasio.

Las fantasías funcionan como un “cine privado” donde todo está permitido y nada tiene consecuencias reales. Puedes imaginar situaciones atrevidas, encuentros prohibidos o versiones más desinhibidas de ti mismo sin que eso implique querer hacerlo realidad.

De hecho, para muchas personas estas ensoñaciones se convierten en combustible que después enciende aún más la pasión con su pareja. Eso sí, hay una línea clara que conviene no cruzar.

Una cosa es fantasear y otra muy distinta es actuar sin acuerdos o traicionar la confianza. Si la imaginación empieza a desplazar el deseo real por tu pareja o te genera culpa constante, quizá sea momento de preguntarte qué está pasando en la relación y qué necesitas fortalecer.

Algunas parejas incluso se animan a compartir ciertas fantasías como parte del juego erótico, siempre desde el respeto y el consentimiento.

Hablar de lo que excita, aunque sea imaginario, puede abrir conversaciones intensas y revitalizar la intimidad. Porque en el terreno del deseo, la mente es libre, pero el compromiso se construye con decisiones conscientes.