El último error que cometió el profesor Heriberto
- lunes 13 de mayo de 2019 - 12:00 AM
‘Nunca fui arrestado por ningún asunto, ni policivo ni judicialmente. A mis 61 años, después de haberme movido entre todo tipo de personas, profesionales de toda clase y personas del bajo mundo, he sido penado por la autoridad competente en un proceso contra la seguridad colectiva, delito relacionado con droga', dice Heriberto González..
Heriberto está sentado en la sala de profesores de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá. Acaba de presentar un libro colectivo donde cuenta su historia en la cárcel. Cualquiera que lo ve vestido elegantemente jamás se imaginaría que está pagando condena por un delito en un centro penitenciario.
Heriberto guarda silencio y luego confiesa que es licenciado en biología con especialización en zoología, profesor de biología y que actualmente estudia Derecho en la Universidad de Panamá.
‘Soy profesor titulado del Ministerio de Educación. No tenía antecedentes penales, llevé una vida dedicada a la formación de estudiantes desde 1982 hasta 2012, que me acogí al programa de retiro anticipado', dice.
¿Cuál fue su delito?
Después de retirarse como educador decidió abrir un negocio de auto-baño a lado de su casa. Tuvo buena clientela y hacía todo tipo de trabajos: desde el lavado hasta el tratamiento de interior, motor, rines y pintura.
Económicamente le iba bien y aunque le llegaban personas ofreciéndole negocios ilícitos, nunca los aceptó.
‘Tenía jóvenes que estaban en todo: fumaban marihuana, consumían cocaína, licor, así como estudiantes que iban a la universidad, a la escuela nocturna o diurna, sanos, pero que encontraban en el lava -auto una entrada para ayudarse en los estudios, a ninguno de estos jóvenes le cerré la puerta', comenta.
Lío
Un buen día se metió en lío. ‘Yo no vendía droga, ni vivía de eso. Un individuo me dejaba mercancía para que se lo colocara y me daba una parte de la venta y se lo hacía llegar a una tercera persona del auto-baño que era la que vendía y me entregaba la plata', cuenta.
Cierto día las autoridades policiales llegaron al local e hicieron una venta controlada. El dinero llegó a su casa.
El 23 de marzo de 2017 la policía entró de forma violenta a su vivienda. Los policías le rompieron platos, puertas, hubo gritos, golpes y le encontraron 10 dólares marcados. Ese fue su fin.
Lo arrestaron frente a la mirada de su hija de 11 años. A raíz de eso la niña quedó trauma y no lo ha superado.
Condenado
Heriberto fue condenado a 80 meses de prisión (9 años) y apenas lleva dos años en la cárcel.
‘La entrada al penal es lo peor. En la preventiva hay que convivir con chinches, cucarachas y olores de excretas', dice Heriberto, quien estuvo en la cárcel de La Chorrera.
Confiesa que se siente arrepentido del delito que cometió y que le hace falta mucho a su hija y a su esposa.
‘El encierro es lo más duro que puede existir para una persona. Yo he tenido perico, aves y ya me doy cuenta porque esos animales comienzan a escarbar las jaulas en busca de forma de salir, es porque el encierro es lo más duro que puede existir', dice.
Pensar en la familia
Lo único que lo salva del encierro, cuenta Heriberto, es pensar en su familia.
Él dice que no todas las personas que están en las cárceles son malas, también hay gente buena.
‘Hay individuos que tienen el deseo de resocilizarse y reintegrarse nuevamente a la sociedad y buscar un modo de vida, pero la sociedad nos trunca, porque cuando tú sales, te piden tu récord policivo y entonces, si tú estás privado o has estado condenado por droga o por cualquier delito, te apartan y te dicen entonces, te vamos a llamar después, pero es mentira, nunca te llaman'.
Muchos jóvenes
A Heriberto lo que más le duele es que la mayoría de los que están en las cárceles del país son jóvenes cuyas edades oscilan entre los 19 y 29 años, quienes están cometiendo delitos.
‘La mayoría están allí por robo de celular, aguacate, ociosidad y algunos por delitos graves'.
Heriberto pidió a los chicos a que vayan por el buen camino y busquen a Dios, porque Dios es el único que los puede absolver, porque la sociedad los condena.