Mató al patrón y le cortó las piernas

El brutal crimen por el robo de una vaca se perpetró hace 85 años en un potrero ubicado al norte de La Chorrera

Este crimen ocurrió en 1937, tras una discusión que sostuvo el ganadero Horacio Pimentel Bonilla con su vaquero Fabricio Marín Mandariga, en un potrero ubicado al norte de La Chorrera.

Todo se desató porque Bonilla descubrió que Mandariga le había robado una vaca y la había vendido. El trabajador, tras ser descubierto, le prometió a su patrón que le pagaría y que le diera un chance.

-No te creo nada. No es la primera vez que me robas. Esto se acabó y te voy a denunciar a la Policía para que te pongan en prisión – le dijo Bonilla.

Pero de nada valieron los ruegos del vaquero, pues Bonilla lo despidió y lo amenazó con denunciarlo.

Mandariga, lleno de miedo, decidió matar a su patrón y se fue a la casa de un amigo que vivía en las afueras de La Chorrera.

- ¿Puedes prestarme tu escopeta?- le dijo.

-¿Y para que la quieres? - le interpeló el amigo.

- Es que quiero ‘palomear'.

- Ah, ya veo. Ahora que te encuentras sin trabajo quieres montear para buscar comida.

Como Mandariga sabía los hábitos de su expatrón, lo siguió.

De modo que la mañana del 20 de mayo de 1937, como sabía que Bonilla debía estar reparando las cercas antes de encaminarse a La Chorrera, donde acostumbraba comprar algunos artículos para las faenas del campo, fue a buscarlo.

Se paró frente a su exjefe con la escopeta en la mano.

-Eres un descarado venir hasta acá. No quiero verte más por mis tierras y no vengas a rogarme que no te denuncie. Tipos como tú deben estar presos para que no sigan robando vacas a los que trabajamos duros para verlos crecer.

Tras intercambios de palabras, Mandariga hizo ver que se retiraba, pero en realidad se escondió detrás de un cerrito que se hallaba cerca.

Esperó con paciencia que su víctima se descuidara. Luego tomó la escopeta, se acercó a su expatrón y cuando lo tuvo en la mira le disparó.

Bonilla cayó al suelo y Mandariga corrió a ver si estaba muerto, pero el hombre solo se encontraba herido y se retorcía de dolor.

-El viejo está vivo, hay que rematarlo, si no me acusará a la Policía- pensó.

Vio cerca del ganadero un martillo que este había utilizado para reparar la cerca, así que lo agarró y friamente lo golpeó varias veces en la cabeza hasta matarlo.

Luego tomó una coa que llevaba en una bolsa, abrió un hueco para enterrarlo, cargó el cadáver, pero se dio cuenta que había calculado mal porque los pies del muerto quedaban por fuera.

Como estaba cansado y con pereza para seguir abriendo el hueco, buscó un machete que cargaba en su caballo y le cortó las piernas. Y así terminó de enterrar a su expatrón.

El hijo de Bonilla, días más tarde, denunció la desaparición de su padre ante las autoridades y dijo que su progenitor había mantenido una fuerte discusión con el vaquero Mandariga por el robo de una vaca y que su padre pensaba denunciarlo.

El 27 de mayo de 1937 las autoridades fueron a buscar a Mandariga y este confesó el macabro crimen y quedó detenido.