El trágico final de ‘Juanillo’, el niño que vendía empanadas

hay crímenes tan infames que no solo marcan a una sociedad, sino que mellan la tierra, dejando una costra de maldad que ni sesenta y seis años de lluvia logran lavar.

Uno de esos crímenes brutales ocurrió en 1960 en la comunidad de Aguadulce, en la provincia de Coclé, donde un niño conocido en ese pueblo como “Juanillo”, de apenas 10 años, fue asesinado de manera brutal por un hombre que tenía el corazón lleno de maldad.

La noticia de su muerte corrió como pólvora por las calles de su pueblo: “¡Encontraron muerto a “Juanillo”! ¡Encontraron muerto a “Juanillo”! Eran los gritos que en ese entonces conmocionaron hasta las lágrimas a los lugareños.

Allí, tirado entre la espesa maleza de un potrero fue hallado el cuerpo sin vida de “Juanillo”.

Su asesino no solo le había arrebatado los pocos reales que llevaba producto de la venta de las empanadas, sino que también lo violó y asfixió.

El homicidio del pequeño conmocionó a los lugareños que se preguntaban: ¿quién había sido capaz de arrancarle la vida de manera tan salvaje a ese niño? ¿Quién era ese monstruo que convivía con ellos y no se habían dado cuenta?

La Guardia Nacional de esa época y los detectives de la capital empezaron a armar el rompecabezas del crimen para capturar al asesino. Al principio pensaron que se trataba de algún forastero que había llegado al pueblo, pero pronto los sabuesos llegaron a la conclusión que podría tratarse de un “gato de casa”. Y no se equivocaron.

Clamor de justicia

Tras el crimen de “Juanillo”, quien vendía empanadas para ayudar económicamente a su familia y era muy querido, los habitantes del pueblo se llenó de furia y exigieron a la Policía Nacional que capturara al homicida.

Todos se reunieron en el Parque 19 de Octubre para rezar por el alma del pequeño inocente mientras las campanas de la iglesia San Juan Bautista repicaban violentamente. Desde Veraguas hasta Chiriquí, el repudio se volvió unánime, unánime y violento.

Los ánimos se calmaron cuando llegó la policía e informó que ya tenían tras las rejas al monstruo.

- ¿Quién es? - preguntaron al unísono los habitantes del pueblo con los ojos inyectados de rabia.

El policía que llevaba la noticia solo soltó un nombre:

— Le dicen “Pescaíto” y ya se pudre en el cuartel de El Chochito.

El peso de la conciencia

“Pescaíto” apenas tenía 20 años cuando cometió el macabro crimen. Se dedicaba a la pesca artesanal y vivía camino de El Barrero. Su conciencia lo delató pues tuvo la osadía de asistir a los rezos de “Juanillo”, pero no soportó el peso de la conciencia y vomitó su crimen. Dijo que lo hizo para robarle la suma de un dólar, que era mucho dinero en aquella época, al niño.

-Yo maté a “Juanillo” – dijo sollozando a lado del cadáver.

Allí mismo la policía capturó a “Pescaíto” y lo metió tras las rejas. Pagó por su crimen en la isla de Coiba.

El crimen de “Juanillo” incluso inspiró al escritor Carlos Francisco Changmarín a escribir la novela “En ese pueblo no mataban a nadie”.

Hoy, sesenta y seis años después, algunos sobrevivientes de esa época aún recuerdan ese crimen de Aguadulce. Recuerdan aquella sonrisa de “Juanillo” gritando por las calles de su pueblo: ¡Empanadas! ¡Compren sus empanadas!