El octogenario que espera ser ejecutado
- domingo 19 de julio de 2026 - 10:45 AM
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Agrega El Siglo en Google ↗️A sus 80 años, Dominick Anthony Occhicone Jr. camina con dificultad, necesita ayuda para realizar algunas actividades cotidianas y arrastra problemas renales y de próstata propios de la edad. Sin embargo, el Estado de Florida considera que aún debe responder por un crimen cometido hace cuatro décadas.
Si los últimos recursos de su defensa no prosperan, el próximo 28 de julio recibirá una inyección letal en la Prisión Estatal de Florida, convirtiéndose en el preso de mayor edad ejecutado en la historia de ese estado y en el segundo octogenario ejecutado en la historia moderna de Estados Unidos.
Pero para entender por qué un anciano espera la muerte en una celda, hay que regresar al verano de 1986, cuando una ruptura sentimental terminó en un doble asesinato que conmocionó al condado de Pasco.
La mañana del 10 de junio de 1986, Occhicone llegó a la vivienda donde residía su exnovia, Anita Gerrety, junto con sus padres, Raymond y Martha Artzner, y los dos hijos de la mujer. De acuerdo con los documentos judiciales, Anita se negó a hablar con él.
El hombre se marchó, pero no había desistido de su intención de enfrentarla. Cerca de una hora después regresó armado con una pistola. Antes de entrar, cortó las líneas telefónicas de la casa para impedir que alguien pidiera ayuda.
Lo que ocurrió después fue una escena de terror. Según estableció la Fiscalía durante el juicio, Occhicone disparó mortalmente contra Raymond Artzner, de 66 años. Instantes después asesinó también a Martha Artzner, de 62 años. Mientras los disparos estremecían la vivienda, Anita logró escapar junto con su hija pequeña. La rápida huida evitó que también fueran alcanzadas por las balas.
El acusado nunca negó haber disparado. Su defensa sostuvo que los homicidios no habían sido premeditados y que ocurrieron en medio de una fuerte alteración emocional provocada por el fracaso de la relación sentimental. Sin embargo, la Fiscalía presentó pruebas que apuntaban a una planificación previa: el regreso con el arma de fuego y el corte deliberado de las líneas telefónicas fueron elementos que convencieron al jurado de que existía premeditación.
En 1987 fue declarado culpable de dos asesinatos en primer grado. El jurado recomendó la pena de muerte y el juez la impuso por uno de los homicidios, mientras que por el segundo recibió cadena perpetua. Desde ese momento comenzó una batalla judicial que se extendería durante casi 40 años.
Como ocurre en la mayoría de los casos de pena capital en Estados Unidos, la defensa presentó sucesivas apelaciones ante tribunales estatales y federales. Los abogados alegaron distintos errores durante el proceso, incluyendo aspectos relacionados con testimonios y actuaciones de la Fiscalía.
En el año 2006, la Corte de Apelaciones del Undécimo Circuito rechazó uno de esos recursos y mantuvo la condena. Desde entonces continuaron otros intentos por anular la sentencia, todos sin éxito definitivo.
El pasado 26 de junio, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, firmó la orden de ejecución y fijó el 28 de julio de 2026 como la fecha para cumplir la sentencia. La Corte Suprema de Florida aceleró inmediatamente el calendario para resolver los últimos recursos, mientras los abogados del condenado solicitaron una suspensión de la ejecución. Esos procedimientos seguían en trámite.
El caso también ha despertado un intenso debate por la avanzada edad del condenado. Sus abogados sostienen que Occhicone padece varias enfermedades asociadas al envejecimiento y requiere asistencia para actividades básicas.
Argumentan que ejecutar a un hombre de 80 años, después de casi cuatro décadas en prisión, no cumple ningún propósito legítimo de justicia. Por el contrario, las autoridades estatales insisten en que el tiempo transcurrido no disminuye la gravedad del crimen ni el derecho de las familias de las víctimas a que la sentencia se cumpla.
Si la ejecución se lleva a cabo, Florida marcará además otro hecho poco común. Ese mismo 28 de julio también está prevista la ejecución de James Aren Duckett, condenado por el asesinato de una niña de 11 años. Será la primera vez en más de seis décadas que el estado programe dos ejecuciones para el mismo día, una decisión que ha vuelto a colocar a Florida en el centro del debate nacional sobre la pena de muerte.
La historia de Dominick Occhicone es la de un crimen nacido de la obsesión, seguido por un interminable recorrido por los tribunales. Han pasado casi 40 años desde que Raymond y Martha Artzner fueron asesinados en su propia casa. Muchos de los investigadores, fiscales y jueces que participaron en el caso ya se retiraron; incluso algunos familiares de las víctimas han fallecido. Sin embargo, el expediente continúa abierto mientras la justicia estadounidense decide si uno de los reclusos más ancianos del país debe enfrentar finalmente la pena capital.
En el corredor de la muerte, donde el tiempo parece avanzar más lento que en cualquier otro lugar, el reloj de Dominick entra en su cuenta regresiva. Su destino dependerá ahora de las últimas decisiones judiciales, que definirán si el Estado de Florida ejecuta una sentencia dictada hace casi cuatro décadas o si, una vez más, la muerte deberá esperar.