Panamá

Tienes el virus: mi temor a morir. Periodista narra su historia

Tienes el virus: mi temor a morir. Periodista narra su historia
Roberto Barrios /El Siglo

martes 1 de diciembre de 2020 - 10:53 a.m.
Vladimir Rodríguez
vladimir.rodriguez@elsiglo.com.pa

Pude ver y sentir que el contagio es real y que el virus está en las calles, por todos lados

Era un viernes cotidiano para mí o normal, salvo por una fiebre que mantuve durante todo el día, que me impidió al día siguiente acudir al trabajo.

El sábado decidí ir a la clínica, porque sentí que mi condición de salud empeoraba. El médico ordenó exámenes de sangre y orina, resultados que no saldrían de inmediato, por lo que me receto medicamento para bajar la temperatura y reposo absoluto.

El galeno me explicó que por el cuadro clínico que presentaba era muy probable un diagnóstico por Covid 19. Eso pasó por mi mente, mucho antes de acudir al médico, pero lo descarté porque no tenía dolor de cabeza ni bloqueada la garganta.

Salí de la clínica preocupado y con 38 grados de temperatura. Comuniqué mi situación de salud al director del periódico, quien me recomendó hacerme el hisopado Naso-faringeo. A las 3:00 p.m. en la Policlínica Carlos Brin del corregimiento de San Francisco, me realizaron la prueba.

La enfermera me tomó la temperatura que se mantenía en 38 grados y llene un documento con mis datos generales. Seguramente, ella por su experiencia sospechaba que tenía el virus. Luego fui trasladado a otra habitación para la toma de una placa radiológica pectoral y realizar el hisopado.

Antes de retirarme me dieron medicamento para controlar la fiebre y un jarabe. Pasé el domingo somnoliento y débil, con poco apetito. Tomaba Paracetamol,  Dextrometorfano y Loratadina, por indicación.

El lunes, durante el transcurso de la mañana el Dr Luis Hernández, jefe de epidemiología de la Policlínica Carlos Brin, me informó vía telefónica que los análisis arrojaron positivo al SARS-CoV-2.

"Me iré de este mundo", fue lo primero que me pasó por la mente, aunque a través del hilo telefónico escuchaba al médico decir que tomara las cosas con calma y que estarían pendiente de mí.

De la policlínica me escribieron por whatsApp confirmado lo dicho por el jefe de epidemiología: "Vladimir ya tienes cuatro días con el ‘virus en tu cuerpo’, lo que indica que debes tomar cuanto antes medicamentos, para contener los efectos de la enfermedad, porque al octavo día puedes empeorar. Te indicaré lo que debes tomar".  Ivermectina # 4, Hidroxicloroquina # 8, Afitromicina #7, Vitamina D y Zinc, fueron los fármacos recomendados, en ese momento.

Al poco tiempo me dijeron que me trasladarían a un hotel-hospital, donde debería permanecer por 14 días.

Acepté para evitar contagiar a mi esposa e hija. No quería apartarme de ellas ni de mis deberes profesionales, pero tenía que acatar las recomendaciones de las autoridades de salud.

A las 2:00 p.m. aproximadamente llegó la ambulancia a mi casa, caía una ligera llovizna. ¿Es usted la persona?  Preguntó el conductor-- sí señor-- por favor no se moje, ya la enfermera va a ir por usted.

Ambos se bajaron de la ambulancia y me tomaron la temperatura, me hicieron varias preguntas sobre la prueba, el hisopado y los síntomas. La enfermera me dijo: lo vamos a llevar al hotel, lleve una maleta con artículos de higiene personal, toalla y ropa para su estadía.

Transcurrieron 25 minutos desde Panamá Norte, área de Las Cumbres, lugar de mi residencia, hasta el hotel-hospital, con una espectacular panorámica del puente de las Américas.

Al llegar a dichas instalaciones pasé por otro protocolo o interrogatorio de rigor por una enfermera, para poder ingresar al lugar. En ese lugar, en el que permanecí 14 días,  con igual diagnóstico se encontraban 200 personas, en su mayoría procedentes del Aeropuerto de Tocumen.

En la primera noche se me inició un tratamiento con hidroxicloroquina y Clexane.

También recibía Acetaminofén y Enterogermina. La ingesta de estos medicamentos  duró siete días.

En el mismo pasillo donde me hospedaba había un grupo de dos o tres mexicanos. En el tercer día a uno de ellos le tocaron la puerta para informarle que lo iban a trasladar a un centro hospitalario, porque sus síntomas empeoraron. No supe más de él.

Al ver ese cuadro te convences aún más de que el ‘virus’ es realmente una amenaza latente que en un abrir y cerrar de ojos puede causar estragos al punto de separarte de tus seres queridos para siempre.

Cada mañana entre las 6:30 a.m. y 7:00 a.m.  una enfermera pasaba guardia para tomar la temperatura.  El desayuno casi siempre lo despachaban antes de las 9:00 a.m. muy completo: pan, queso, mantequilla, manzana o guineo, jugo y avena. A 10:30 a.m. pasaba el médico de turno, para medir la oxigenación en sangre, a cada paciente.

Este monitoreo era el que te indicaba realmente si tu organismo estaba defendiéndose del virus o perdiendo la batalla.

Durante 14 días pude ver y sentir que el contagio es real y que el virus está en las calles, por todos lados: en el transporte, en la oficina, en el lugar que menos te imaginas. Es realmente un enemigo invisible y lamentablemente, la mayoría de las personas no aceptan esta realidad hasta cuando lo viven en carne propia.


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