- viernes 04 de agosto de 2023 - 12:00 AM
La suerte está echada
El tablero de ajedrez comenzó a moverse y la partida está contra reloj. Los candidatos de partidos políticos y por la libre postulación empiezan a tejer los colores de las banderas que estarán impresas en las papeletas de votación del próximo 5 de mayo. La contienda entró en un punto de no retorno y las aguas del Rubicón se hacen espesas a medida que el nivel de su caudal acaricia la piel de los pocos valientes que se atrevieron a cruzarlo.
El río Rubicón marcaba el límite del poder del gobernador de Galias, y para entonces, tenía especial importancia en el derecho romano porque a ningún general se le permitía cruzarlo con su ejército en armas. Cuenta una versión de la historia, que la noche del 11 al 12 de enero de 49 a.C., Julio César atormentado por las dudas y los temores de convertirse en enemigo de Roma, tomó la decisión de cruzar el pequeño río para dar valor a sus hombres. Al otro lado de la vertiente, habría pronunciado la frase ALEA IACTA EST, traducida del latín al castellano en: La suerte está echada.
La decisión de Julio César generaba un punto de inflexión, ya que sus hombres lo seguirían sin dudarlo, haciendo que, si algo debía pasar por cruzar el Rubicón, ya tendría que ocurrir, indefectiblemente. Existen contados espacios en la vida, con tan clara definición sobre la victoria y la derrota, como en la guerra y en la política. El liderazgo puesto a prueba en función de la toma de decisiones y de la estrategia ejecutada.
La victoria y la derrota son responsabilidad del general, también sus decisiones y consecuencias. La determinación es una cualidad en tiempos de tempestad, y el deseo de ganar contrasta con el líder dubitativo y temeroso de sus propias decisiones. Cuando el general entiende la derrota como una posibilidad y no le teme; será entonces, capaz de dirigir una victoria, porque conoce el terreno y su tropa le entrega su destino.
Periodista