• miércoles 24 de septiembre de 2014 - 12:00 AM

La sexualidad escolar, ¿Tema difícil?

Hablar de la sexualidad no es relajo

Desde hace dos semanas existe en la sociedad panameña un encendido debate, por la presentación en la Asamblea Nacional del Proyecto de Ley No. 85 sobre las políticas públicas de educación integral y promoción de la salud, presentado por el H.D.

Crispiano Adames, del P.R.D. Si no conociera al amigo Crispiano, dado que fuimos compañeros de estudios y dirigentes estudiantiles en el Instituto José Dolores Moscote, a finales de los 70, hubiese pensado que esta iniciativa era una trasnochada actitud de un político más y sin sentido de causa. Pero no es así, y aunque no compartamos su contenido, este tema hay que tomarlo en serio.

Similar a lo que ocurre cuando se intenta legislar sobre la pena de muerte, este tema de la sexualidad en los centros educativos genera dos grupos de opinión encontrados. Ambos se entrelazan con sólidos argumentos y que solo con la aplicación del principio del contradictorio en el análisis, se podrá encontrar una luz conceptual que evite equivocarnos al dar opinar o tomar una decisión.

Hablar de la sexualidad no es relajo. Y hablar de este tema a niños, jóvenes y adolescentes mucho menos, porque implica que quien o quienes lo hagan, tengan la calidad profesional y didáctica para hacerlo sin arriesgarse a deformaciones conceptuales que creen incertidumbres y prejuicios en una mente sana e inocente.

Fíjense que no digo que lo que propone el proyecto no se dé en los centros educativos, sino, puntualizaramos es que se haga responsablemente y se involucre obligatoriamente al padre de familia, que muchas veces tiene miedo de hablar de este tema con sus hijos, precisamente por limitantes culturales de la que adolece la familia panameña en general.

De aprobarse el proyecto como está, el padre de familia debe saber que su hijo tendrá la libertad de hablar de este tema con la APLAFA, y no con usted, y además tendrá el derecho a la reserva y confidencialidad de lo conversado. A mí me parece que esto es un exceso, tratar de trasladar un derecho de la Patria Potestad de los padres sobre sus hijos a instituciones o personas ajenas a la familia.

*Analista y consultor político

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